El ritmo de la vida

Posted on June 7, 2011

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Cuando era joven, tocaba la batería. No era muy bueno, la verdad. Además, tenía que soportar tener al lado a David Darwin, que siempre ha sido un genio. Lo más difícil de tocar la batería es llevar el ritmo. No son los redobles, ni lo que puede parecer más llamativo a quien no toca, sino llevar el ritmo. No acelerarte si tocas en directo. No ir despacio en los medios tiempos. Llevar el ritmo. El correcto. El perfecto para cada tema.

Si tocas la batería –aunque sea mal, como yo-, te das cuenta de que todo es cuestión de ritmo. El problema es que nos pasamos la vida intentando encontrar ese ritmo.

Cuando eres joven, el mundo va demasiado despacio. Quieres que todo se mueva a la misma velocidad que tú, pero no lo consigues. Te desesperas, porque las cosas siguen yendo a su ritmo.

Sin embargo, cuando eres mayor (viejo decíamos antes, no sé cuándo ser viejo se convirtió en algo peyorativo), todo va demasiado deprisa. Te cuesta enterarte de las cosas, porque –como Marlon Brando en El Padrino- cada vez te gusta más tomarte una copa de vino tranquilo y relajado. Pero te deprimes, porque tú vas despacio y las cosas siguen yendo a su ritmo.

Sólo hay una etapa de tu vida, en la que tienes la posibilidad de encontrar el ritmo, de bailar con el universo, de acompasarte. Es el momento perfecto para estar en armonía contigo mismo y con tu “circunstancia”, como diría Ortega.

Sin embargo, la sociedad que hemos creado, nuestro “way of life” está diseñado para hacernos perder ese ritmo constantemente. Cuando de verdad podemos ir al ritmo de la vida, nos encargamos de acelerarnos, de ponernos vallas, de atarnos los cordones de las zapatillas entre sí, para que tropecemos.

El ritmo de la vida es natural. No es rápido ni lento. Es como es. Por mucho que nos empeñemos en acelerarlo –ya sea por cabezonería juvenil o por exceso de tareas- no se acelerará. Por mucho que nos empeñemos en frenarlo, no se frenará. Deberíamos dedicar un poco más nuestros a adaptarnos a ese ritmo y menos a tratar de cambiarlo. No existe un marcapasos para la vida.

El mejor batería no es el que hace más redobles, sino el que es capaz de darle a cada tema su ritmo natural, su ritmo correcto. Me gusta mucho el rocanrol. Me gusta el pop. A ratos, hasta me gustan la música disco y el jazz. Y me encanta la música clásica. Cada una, en su momento. Cada una a su ritmo. Como la vida misma.

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