VACACIONES MONOPARENTALES (3): DE MARCHA…

Posted on July 31, 2011

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Cuando estamos en Marbella, Jorge y yo nos vamos una noche de marcha. Es la única en todas las vacaciones. Dejamos a los niños en casa y nos vamos a “ligar”.

El año pasado fue un éxito rotundo: sólo tuve una mínima oportunidad con un alemán sesentón más feo que el bigote de una monja. Este año la cosa ha ido un poco mejor y por lo menos era una tía y joven. Alemana también y no la entendía nada, pero menos da una piedra. Eso sí, como siempre, no nos comimos un colín.

La verdad es que lo nuestro es absurdo. En realidad, no tenemos ningún interés o intención de ligar, pero es como si fuera obligatorio. Nos damos una vuelta por Puerto Banús –que es como para hacer un documental de National Geographic- y luego nos tomamos algo en cualquier sitio.

En Banús (que es como se dice aquí, con muchas eses: banússsssss) la diversión es discernir entre lumis y no lumis. Al rato nos aburrimos un poco del juego y entonces empezamos a pensar cuáles de ellas son en realidad un maromo. “Esa como te descuides te saca uno el doble que el tuyo”.

En Sinatra tenemos un par de opciones. La primera es una que parece una levantadora de pesas de la República Democrática Alemana –bigote incluido-. Le digo a Jorge que paso, porque no puedo estar con una mujer que tenga la espalda más ancha que yo. El mamón se desgüeva y me dice que TODAS tienen la espalda más ancha que yo. Me cago en él y en parte de su familia, como manda la tradición, y continuamos buscando.

Hay un par de inglesas con pinta de despistadas y la abuela de Amy Winehouse (Jorge, que a veces tiene problemas de riego, dice que a él le mola). Las inglesas despistadas miran. Una más que la otra. De vez en cuando, un par de guiris se acercan a ellas y, al cabo de un rato, se piran.

Esa es parte de la diversión, claro. Ver cómo van rechazando a los que se arriman. Es gracioso, como un baile absurdo, como un ritual que todos van cumpliendo. Casi me puedo imaginar la conversación y todo.

Se nos ponen cerca dos. Jorge dice que son alemanas u holandesas, por el acento. Yo le digo que una me recuerda a una amiga de la adolescencia. Vagamente, claro. A esas horas, ya da igual.

Sin comerlo ni beberlo –bueno, beberlo puede que sí-, de repente estamos hablando con ellas. Yo no las entiendo nada, porque aunque aseguran hablar inglés, a mí me sigue sonando a alemán. Entre eso, las tres coronitas, que estoy medio sordo y que la conversación no se puede decir que me apasione, no me entero de nada. Tampoco hago el esfuerzo, la verdad.

Camino del baño, me encuentro con la inglesa que miraba. Como tenemos que esperar en la puerta, le pregunto su nombre. Me dice que se llama Trish o Trishia, como prefiera. Le pregunto qué significa, me dice que no lo sabe. Le contesto que a mí importarme, lo que se dice importarme, tampoco. Que sólo se lo preguntaba para pasar el rato hasta poder entrar al baño. Se ríe y me dice que es de un pueblo impronunciable para mí, cerca de Liverpool. O sea, como si voy yo y le digo que soy de Vilanova i la Geltrù y ella luego lo tiene que decir en inglés. Ninguno mostramos mucho interés en la vida del otro, la verdad, pero nos reímos.

Al final consigo entrar en el baño y salir sin chapotear más de lo inevitable y jorge sigue con las alemanas. Nos llevan a un sitio que está genial. Nos atizan cuarenta euracos por dos vinos, una coronita y una tónica. Las alemanas querían champagne, pero Jorge es tío cabal –a veces- y pregunta el precio antes de pedir. Luego le dice a la tipa que no hay champagne, que con un vino van que se matan.

El camarero, que es un cachondo, nos dice “ya verás el palo que les voy a dar a estas –señala a tres guiris que están a nuestro lado-. Sesenta euracos y se van a tomar tres chupitos”. Nos reímos y las alemanas nos miran con cara de no entender nada.

Para bordarlo, nos encontramos con una de las hijas de Jorge en el garito en cuestión. Ella y su amiga se parten con nosotros. “Qué monos, haciéndose fotitos con ellas”… Musho cashondeíto (con razón).

Como el sitio –que la verdad es que está muy bien- cierra a las tres, nos llevan a una discoteca. En un “momentary lapse of reason” me pregunto qué hago yo a mi edad en la cola para entrar en una discoteca, con unas tías que no nos importan ni lo más mínimo.

En la escalera de entrada, cinco tipos del tamaño del armario de Tita Cervera sacan en volandas y de una forma que no podría definir como cordial a un moreno del tamaño del armario de la Duquesa de Alba. El sitio promete.

Tras una breve conversación sobre si entramos o no, al final decidimos que sí. Las alemanas ya han entrado y están en un reservado vip. Jorge le echa morro y le dice al gorila que estamos con ellas y entramos por la patilla.

El sitio es horrible, la música un bodrio, todo el mundo va extremadamente tostado y debo reconocer que me siento un poco fuera de lugar. Veo a Trish en la distancia y me doy cuenta de que mi noche hubiera acabado igual en cualquier caso. Decidimos retirarnos y, cuando estamos llegando a casa, recibimos un mensaje de la hija de Jorge. “Nosotros ya hemos llegado. Os queda mucho????”. El cashondeíto no termina.

Por la mañana, los dos nos partimos pensando que siempre hacemos lo mismo. En fin, casi hubiera preferido al alemán bujarrón del año pasado. Eso sí, nos lo pasamos como niños!!!

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