VACACIONES MONOPARENTALES (5): CARTA A UN HIJO

Posted on August 3, 2011

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Querido hijo, después de estos días maravillosos que hemos compartido, considero mi obligación de padre responsable dedicarte estas líneas, que espero que te sean útiles en el futuro. No leas esta carta ahora. Guárdala y léela cuando tengas mi edad y seas TÚ quien me lleve a MÍ de vacaciones.

Sé que ser hijo de un anciano puede parecer duro. Que no es fácil escucharme repetir la misma cosa mil veces, que a veces me pongo muy pesado y que tengo que ir a hacer pis cada dos por tres.

Sé que viajar conmigo puede ser difícil y que sólo estás soñando con que me duerma para relajarte un poquito y poner la música que te gusta, en lugar de la que te obligo a poner.

Sé que no te apetece tener que estar pendiente de mí en la playa, de si viene una ola y me arrastra o de que proteste porque no puedo andar en las piedras. Que no es fácil convencerme de que con bandera roja es peligroso bañarse, por muy bien que me crea que nado.

Sé que te gustaría ir a cenar con unos amigos, a un sitio divertido, en lugar de ir siempre a los mismos lugares, a comer croquetas y sardinas y pizza. Que te gustaría tomarte una copa tranquilamente o irte a bailar.

Sé que te hablo de un mundo que para ti podría ser otro planeta, que no entiendes lo que te cuento, ni sabes quién es esa gente cuyos nombres no identificas. Que te doy la murga con series y personajes de las que nunca has oído hablar y que no te interesan y que me sigues el rollo a veces por inercia, a veces por no oírme hablar de otras cosas que tampoco comprendes.

Sé que no te cabe en la cabeza por qué tengo que ir a la playa con un libro –de papel, sí, de papel!!!-, un reproductor de música –que será un MP542 o lo que sea ya por esa época-, un teléfono, un reloj, una cámara de fotos…, en lugar de usar ese artilugio que tú me regalaste y que me he negado a aprender a utilizar. Y que encima tienes que cargar con ello, porque yo no puedo.

Sé que te gustaría tener tus horarios y no estar pendiente de si tenemos que desayunar y comer a unas horas determinadas, porque es a lo que estoy acostumbrado y a los ancianos hay que respetarles los horarios.

Sé que es un agobio salir corriendo al hospital cada vez que tengo un poco de fiebre y que es un infierno luchar conmigo para que me tome las medicinas, simplemente porque no me da la gana. Que vivir con la angustia de que me desoriente y me pierda es un sinvivir.

Sé que me pongo muy plasta con mis caprichos, con mis manías. Que es cansado luchar contra mi cabezonería, incluso cuando sé que no tengo razón. Que, en ocasiones, te gustaría dejarme abandonado en una gasolinera de la autovía, sin documentación y negar que soy tu padre.

Sé que es difícil convencerme de que no tengo edad para hacer ciertas cosas, de que me puedo hacer daño y de que tú no tienes ningún interés en que no las haga, más allá de evitar que me abra la cabeza.

Sé que no se descansa bien cuando te tienes que levantar tres veces cada noche para ayudarme a ir al baño y que una conversación a esas horas no es lo que más te apetece, por mucho que yo quiera contarte lo que he soñado.

Sé que en la playa es igual un sitio u otro, que esa manía mía de tener que ponerme justo ahí, justo donde se me ha puesto en las narices, puede resultar molesta. Que es un coñazo sacudir mi toalla cada diez minutos porque la he llenado de arena.

Sé que te gustaría no tener que tragarte las películas y series que me gustan a mí y que, para variar, querrías ver un rato algo que te guste a ti. Que no pasa nada porque esté un rato solo, que no tengo que estar todo el día pegado a tu culo.

Sé que ser hijo de un anciano es duro. Pero recuerda que todo lo que hagas por mí, lo he hecho yo antes por ti mil veces. Así que, quéjate menos y aguanta, que ya te llegará la hora de vengarte con mis nietos…

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