HIJO A LOS CUARENTA Y…

Posted on November 12, 2011

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Ser hijo al pasar de los cuarenta es un drama. En serio. Bastante tiene uno con lo que tiene, como para encima lidiar con una madre. Porque las madres son pesadas siempre, pero cuando tú tienes más de cuarenta, son pesadísimas.

Así que, ahí estás, el jueves por la noche, temiendo lo inevitable. Y sucede, claro. Suena el móvil. Y se repite la misma conversación de siempre: que si no llamas nunca, que si qué trabajo te cuesta… Pero lo peor es cuando te hace la pregunta clave: qué tal va el trabajo? Y tú: bien –temblando, porque sabes lo que sigue-. Hay una pausa de esas que se hacen eternas y te suelta: pero tú, hijo, en realidad, qué haces? Cada vez que me hace esa pregunta –que es cada dos meses, más o menos- me viene a la mente la imagen de Denzel Washington en Philadelphia diciendo aquello de “explíquemelo como si fuera un niño de cuatro años”.

Como ya he intentado que lo comprenda en multitud de ocasiones y es imposible, me refugio en mi cueva: publicidad, mamá, publicidad. Ya, pero qué publicidad? Y qué más da, mamá, publicidad…

Entonces, no me cuentas nada? A ver, ya dije una vez en Facebook que la diferencia entre un hombre y una mujer es que un hombre tarda un minuto en contarle a su madre lo que ha hecho esa semana y una mujer tarda una hora en contarle lo que ha hecho ese día.

Entonces te pregunta si este fin de semana tienes al niño, que lo sabe mejor que tú, pero es su manera de preparar el terreno. Cuándo vais a venir?, digo para organizarme. O sea, una persona que no tiene nada que hacer en todo el día, y menos aún en fin de semana, necesita organizarse. Sin comentarios.

Total, que le llevas al niño. Y, según entras por la puerta, la ves que empieza con la misma cantinela de siempre: claro, tienes poco tiempo, no? os tenéis que ir… porque es que necesitaba… Que me dan ganas de decirle que se disfrace de rumana y se ponga en un semáforo, porque se haría de oro. Y te coloca cualquier tarea de las suyas. Que no sé si me ve cara de Christian Pielhoff, el pollo aquel de Bricomanía. Un día me tuvo como mil horas grapando un cable a una pared; luego no era capaz ni de levantarme, del dolor de riñones.

Y encima, nunca lo haces bien, claro. Todo el rato ahí, en plan capataz –que si te dejara hacerlo a tu rollo lo harías en la mitad de tiempo y quedaría mejor- y nunca lo haces bien.

Mañana es domingo, me toca ir a verla. A ver con qué nos sorprende esta vez.

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