HE SOÑADO CON CAROLINA

Posted on November 30, 2011

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Hoy he soñado con Carolina. Es curioso, porque hacía como cuarenta años no ya que no la veía, sino que ni pensaba en ella.

A Carolina me la sentaron al lado hace eso, cuatro décadas. Y nunca había hablado de ella con nadie. De hecho, creo que era uno de esos recuerdos que tenemos bloqueados en lo más profundo del hipotálamo o donde cuernos se guarden esas cosas.

Carolina ocupó el pupitre que hacía frontera con el mío y me miró con cara seria. Luego acercó su silla a la mía, como si yo pudiera protegerla en ese nuevo mundo lleno de peligros en el que entrábamos aquella mañana. Se le agarraban al brazo izquierdo a duras penas el sol de verano y las calcamonías, como si quisieran que septiembre le cerrara la puerta al otoño.

No dijo nada. Yo tampoco. Pero nuestros ojos sellaron una alianza que nunca se rompió en los siguientes nueve meses que compartimos. Si a Carolina se le caía un lápiz, yo me agachaba a cogerlo. Si me tropezaba en el patio, era su mano la que me levantaba. Una vez me caí de bruces y me raspé la barbilla. Mi primera reacción fue echarme a llorar, pero entonces la vi ahí, delante de mí, con esa sonrisa que le llenaba los ojos y me di cuenta de que no debía llorar, no por hacerme el fuerte, sino porque ella se hubiera puesto triste y no podía permitir que eso sucediera.

Carolina se fue de mi vida como vino, sin decir nada, sin una palabra. Sólo con una última mirada, el cuello girado, su madre tirando de ella, el verano y las calcamonías asomados de nuevo a su mismo brazo izquierdo y otra vez los ojos llenos de sonrisa. Yo levanté la mano para decirle adiós, pero ya se había girado.

No había vuelto a “verla” hasta esta noche. Y, al despertarme, me he dicho a mí mismo que ojalá volviera a mi vida, que ojalá volviera a levantarme cuando me tropiece y ojalá volviera a mirarme con sus ojos llenos de sonrisa.

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