QUE NO FALTEN RISAS

Posted on January 21, 2012

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A las 21.15, en el supermercado del corte inglés de majadahonda todo el mundo se prepara para cerrar. Es sábado y ya va siendo hora de irse. En la pescadería, te reciben con caras largas y gesto torcido. Casi puedes oír sus pensamientos: todo el día para venir y tiene que ser ahora? Qué has estado haciendo? La primera reacción es decirles: cerráis a las 21.30, así que te jodes y me atiendes. Pero recuerdas tus tiempos de cajero y te das cuenta de que tú también has pensado lo mismo que ellas muchas veces. Así que pones cara tímida, miras al suelo, pides lo primero que se te ocurre y te vas corriendo, con un sentimiento de alivio al comprobar que alguien más rezagado que tú ha llegado para convertirse en el último cliente del día. Otros vendrán que bueno te harán.

En la línea de cajas, el ambiente es muy distinto. Es lo que tiene no haber cumplido los veinte años. Todo son risas y preparativos para la noche del sábado. Las chicas –todas lo son-, bromean con Eddie, el subsahariano que pide limosna a la puerta. Mañana vienes Eddie o libras? Tienes jefe Eddie?, te deja librar mañana? No, Eddie es autónomo, a que sí Eddie?

Eddie saca a pasear su sonrisa importada de Senegal y las mira con la ternura de quien sabe mejor que nadie que las alegrías son escasas y breves y hay que aprovecharlas al máximo. Nunca sabes cuándo tendrás la oportunidad de volver a reír, así que él le saca todo el partido que puede.

Ellas, ajenas al futuro que les espera, borran a carcajadas el tiempo que queda hasta que cierren, hagan caja y cojan un autobús que las lleve a casa, a diez o veinte kilómetros. Alguna tiene suerte y su novio la viene a buscar en coche –inevitablemente, un seat león negro que retumba al ritmo de la máxima-. Luego, a casa a cambiarse y a prepararse para la noche de marcha poligonera y suburbial.

Eddie recoge sus bolsas, con lo justo para cenar esta noche. Mañana no se desayuna, que el día ha estado flojo. Mira a las estrellas y piensa en Senegal, en cómo estarán las cosas por casa, como cualquier emigrante, como cualquier ser humano lejos de sus seres queridos.

Tú te vas para casa, pensando en dónde dormirá Eddie, en con quién dormirán las cajeras, en por qué las pescaderas estaban cabreadas y la panadera sonreía como sin razón. Y echas de menos esa alegría de las cajeras, esa despreocupación de la juventud, ese afán de beberse la vida a tragos, por si se acaba antes de tiempo en un ceda el paso.

Y te dices que dejar de sonreír cada vez que puedas, de reírte a carcajadas, de hacer bromas de todo, es el mayor error que se puede cometer. Y, de repente, te das cuenta de que sonríes sin razón, como los bobos que cantaba Serrat. Mañana será otro día para Eddie, para las cajeras, para la panadera y, sí, incluso para las pescaderas. Ojalá esté lleno de risas…

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