FEBRERO BISIESTO

Posted on February 1, 2012

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Antonio mira el billete de veinte euros apoyado sobre la mesa de la cocina y piensa. No necesita que le digan que viene una ola de frío siberiano –la misma de todos los años, qué coño, murmura-, le basta con mirar por la ventana. La helada ha pintado de blanco los campos de su barrio/pueblo del extrarradio, como la cabeza de Luisa, cada vez con más canas –te quedan bien, miente él mientras mira su cara de resignación-.

Febrero llega en números rojos, como casi todos sus hermanos. Con ese frío que pela y el coche sin gasolina. Si por lo menos pudiera echar un cigarrito… Hace meses que dejó de fumar: no le convenció el médico, lo hizo el cajero automático. Como dice él siempre a sus amigos, el que más cuida de mi salud ahora es el banco: me ha hecho dejar de fumar, de tomar copas…

No puede reprimir una sonrisa que es más una mueca cuando Susanna Griso le recuerda que este año es bisiesto. Lo que nos faltaba, un día más con el mismo sueldo. Y encima, febrero. No podrían añadirle el día a otro mes? Aunque, la verdad, total pa qué, total pa ná; si son todos iguales.

A Antonio se la sudan la macroeconomía, la FED, el FMI y su puta madre. Sólo quiere que su mujer no pase frío en el cercanías y que pueda ir a la peluquería a taparse los disgustos, mientras él se toma un vino con los amigos en el bar de siempre. Los lujos de la clase media. Mira el billete de veinte euros, que es todo lo que queda para pasar este febrero de veintinueve días y coge los abrigos.

Antonio se gira y mira a Luisa, tan guapa como siempre, pese a sus canas. Le aprieta la mano a través de los guantes y ella sonríe, porque hay cosas que no se pueden decir, que no se deben decir.

La cuesta de febrero llega a Madrid en tren, con frío, sin atascos y un día más larga.

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