VIERNES MONOPARENTAL: MERCADONA

Posted on February 6, 2012

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El primer momento complicado del viernes por la tarde en mercadona se produce al entrar. Parece que lo regalan, joé. Es primeros de mes, no cabe duda. Las visas “limpitas” y las cuentas en números rojos, pero por poco.

Un par de monoparentales de los del “club” andan por ahí, intentando poner orden a sus hijos o a los de otros, que aquí somos todos uno. Eh, colega (los monoparentales vamos de enrollados por la vida, ya se sabe) ten cuidado que se te van a caer los yogures en la cabeza.

Un poco más allá, un enano de tres años máximo, recorre el lineal de los refrigerados con una pizza más grande que él en las manos. Su padre le dice que ni de coña, que la devuelva. Me sorprende que el niño no discuta. Se da media vuelta tan tranquilo… y al cabo de un minuto regresa con dos pizzas pequeñas. Me río, porque no se puede hacer otra cosa, y el padre se encoge de hombros como diciendo, qué se le va a hacer.

Los monoparentales tenemos dos “modos”, como los coches modernos, que tienen ciudad y carretera. Nosotros tenemos niño y no niño. Y, a veces es un lío. Voy a coger salchichas para perritos. Ah no, que este fin de semana no viene. Eso sí, las patatas fritas, ya que están no las vas a sacar, no? El resultado de esta esquizofrenia es que se te olvida todo.

El segundo momento complicado es cuando estamos esperando en la cola de la caja. De repente, se oye por megafonía: señorita Loli, acuda a su caja, por favor. Y todo son nervios. Has visto la parrilla de la Fórmula 1 cuando va a empezar el gran premio? Una mierda al lado de mercadona cuando están a punto de abrir una caja. Joé, si los hay que dejan la marca de los zapatos en el suelo, del acelerón que meten.

Codazos, sprints… pero todo rollo civilizado, sabes?, como los banderilleros, que parece que no van corriendo pero llevan el culito “apretao” y miran por el retrovisor. Yo he llegado a ver a una señora con bastón dar un brinco por encima de tres carros de la compra y aterrizar la primera de la fila, que me creía que era yoda, no te digo más.

Al final pagas y, como pasa siempre, te cabe todo en la bolsa –esa bolsa tan bonita que han diseñado los jodíos, que es que duelen los ojos de verla, que no es que se te olvide en casa, es que te da palo que te vean con ella en la mano- menos una cosa. Que dices, voy a apretar para que quepa, pero entonces se te rompen los huevos. Los de gallina, quiero decir.

Así que llega el siguiente momento complicado. Compro otra bolsa o no? Que no es por no comprarla, que no es por los sesenta céntimos… es que si compro otra bolsa más de mercadona me tengo que mudar a un almacén de Torrijos!!! Si me han dado la bolsa platinum, porque dicen que soy el cliente que más ha comprado…

Pero bueno, como uno tiene su orgullo, pues sale con una bolsa en una mano y en la otra las galletas, los huevos –los de gallina- y un brick de leche. Que vas un poco como de medio lado, porque estás descompensado de peso, claro, pero todo va bien hasta que llegas al coche y dices, vale y ahora cómo coño abro? De cualquier manera, te vas apañando y metes la compra en el coche. Sabes cuál es la definición de nanosegundo? No, no es un segundo valenciano, es el tiempo que pasa desde que dejas la bolsa hasta que se vuelca. Te quedas ahí, mirando toda la compra esparramá por el suelo y los asientos y piensas, que le den, ya en casa lo apaño.

Y llegas a casa y colocas la compra, que es un deporte como otro cualquiera, pero más aburrido y más cansado, y juegas a ver si has batido tu récord de olvidos. No está mal, sólo se te han olvidado cinco cosas –harina, azúcar, papel de cocina, macarrones (sí, los mismos macarrones que hace unos posts decía que compraba siempre y que ahora han sido sustituidos por los spaghetti) y mermelada-. Nada imprescindible, todo puede esperar a la siguiente compra –o sea, mañana-.

La tarde de viernes en mercadona es tan vital para el monoparental como la fotosíntesis para la vida en la tierra. Lo tiene todo: suspense, emoción, llanto, ternura, odio, asesinatos (no sabes lo que son capaces algunos de hacer por el último bote de bosque verde de oferta). Es como cine de barrio, pero en directo. Ay, qué ganas de que sea viernes…

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