TAMARA NO SE RINDE

Posted on February 24, 2012

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Tamara tiene 18 años y otros 18 en la mirada. Recorre las casas con una carpeta en la mano, intentando que los vecinos cambien de compañía de gas o de electricidad o de lo que sea. Se asoma a su puerta exhibiendo su acreditación, para que estés seguro de que no te quiere tangar.

Una vez dentro, saca sus manos pequeñas, tímidas en su medio refugio de las mangas del jersey, cubiertas de bisutería barata en precio pero impagable en recuerdos. Las uñas, descascarilladas como las paredes de su habitación, reflejan sus esfuerzos por dejar de mordérselas, el único vicio que se puede permitir.

Tamara es buena estudiante, pero el año pasado sus padres se separaron y tuvo que dejar el bachillerato para ayudar a su madre, que dice que puede con todo, pero la verdad es que no puede. Este año, como a cabezota no la gana nadie, se ha matriculado a distancia y lo compagina con su trabajo. Le hurta tiempo al reloj con artes de trilero y lo va sacando. Le han quedado tres este trimestre, pero ya ha recuperado una.

Te lo cuenta con unos ojos grandes y sinceros. Es imposible pensar que pueda mentir. Se le cae la melena y la aparta con un gesto de la cabeza que hace tintinear unos pendientes muy grandes y muy dorados, a juego con vaya usted a saber qué, tal vez con los adornos de circonita de la blackberry, golpeada como sus ilusiones.

Tamara lucha por salir de su destino poligonero con todas sus fuerzas y toda su cabezonería. Y te lo crees. Porque esos ojos no mienten y porque alguien que lucha por el bien de los demás y no por el propio, no puede perder. Porque su madre y su hermana pequeña son su pasión y su causa.

Recoge sus cosas y se va con una sonrisa, tal vez calculando con la mente la comisión. No se abandonará del edificio hasta que haya hablado con todos los vecinos. Se ríe y dice que no deja ni uno solo. Como se le ha olvidado explicar una cosa, llama al cabo de un rato. Todo atado y bien atado.

Tamara no se rinde. Dice que sacará el bachillerato y a su familia adelante. Y te lo crees. Cómo no creérselo.

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