MI PADRE

Posted on March 19, 2012

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Los que me conocen saben que en esta vida sólo me han entendido dos personas. Una de ellas era mi padre. Este año se cumple una década que no está.

Yo a él no lo comprendí nunca. O, mejor dicho, lo comprendo ahora, tarde. Para entender a un padre tienes que ser padre.

Lo recuerdo ahí sentado, en su esquina del sofá, como para no molestar, fumando despacio y leyendo el periódico. Joé, no he conocido a nadie capaz de hacer durar tanto un periódico.

También me acuerdo de su cara de orgullo, esos ojillos brillantes, cuando me vio sentado por primera vez a la batería del coro de 12 de la parroquia. Estaba tan feliz que casi le daba igual perderse ese rato camino de misa que compartíamos los dos solos, sin cruzar más de un par de palabras, disfrutando el simple hecho de sentir cerca al otro.

Nunca me echó nada en cara. Y le sobraban motivos. Nunca hizo nada que no fuera por mi bien y el de mis hermanos. Nunca dejó de estar a mi lado.

Ahora, a ratos me da por echarlo de menos. Me da por pensar que nunca le di muchos motivos para sentirse orgulloso de mí. Supongo que se sentía así igualmente, aunque no hiciera nada. Y es a mí al que le brillan los ojos.

Si la vida fuese una película de Hollywood, tendría un final fantástico para este post. Pero no es así. Simplemente se fue como un pajarillo y sus última palabras para mí fueron eres un fistro, que tampoco es una frase como para enmarcarla, la verdad.

O sea, que se jodió el final apoteósico. The end y a correr. Espero que esté donde él deseaba estar y que me mire desde allí, con sus ojillos brillantes otra vez y su amago de sonrisa.

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