TROPIEZOS

Posted on March 23, 2012

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Tropezar es una de esas cosas que no molan. Y tropezar en público, menos aun. Hablo de tropiezos físicos, nada de meter la pata ni eso. Eso son tontunas comparado con trastabillarte en mitad de la castellana y alegrarle el día al resto de viandantes.

Porque hay una verdad inmutable: cuando alguien se tropieza, todo el mundo se desweba. Lo sabía miliki y lo sabemos todos.

Así que ahí estás. Recién tropezado y sin saber cómo reaccionar. O sea, depende del tipo de tropezón, que en esto también hay categorías. Está el tropezón en el que te esmorras, que es el mejor, porque te partes la crisma, pero nadie se ríe. Y el dolor fìsico es siempre menor que el anímico.

Luego está el tropezón tonto, ese que sales disparado hacia adelante. Pero no te llegas a caer. Si “avanzas” pocos metros, bueno, se reirán sólo un poco, tal vez una sonrisa. Ahora, como sea de esos que empiezas a dar saltitos que me caigo que no me caigo… Mira, mi consejo es que hagas como los futbolistas y te tires a la piscina. Es que, si no, estás jodido. Se van a oír las carcajadas en pernambuco. Porque como no te has hecho nada, licencia para escarallarse de ti.

Y te quedas ahí, con esa reacción tan tonta que tenemos todos, que es mirar a ver con qué te has tropezado. Rollo nohasidoculpamíaesdelaalcaldesaquemiracómonostienetodomalapuñaláleden. Y sales corriendo sin que se note, como los banderilleros.

Pero el caso es que todo el mundo se está descojonando y tú ahí, aguantando el tirón, porque sabes que no te puedes quejar, que tú hubieras hecho lo mismo… O no?

Te queda mirarlo por el lado positivo: has provocado unas cuantas risas. Que no es fácil hoy en día. Eso sí, reza para no verte en youtube al día siguiente…

(Sí, me he tropezado hoy en a castellana, y qué???? Menos risitas…)

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