ASOMADOS A LA TERRAZA

Posted on April 2, 2012

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A veces, como sin sentido, algún vecino o vecina se asoma a la terraza. Justo en ese momento en que tú estás asomado también. Y miras. Miras porque somos de natural cotillas. Sobre todo los periodistas, que tenemos excusa (esto vale también para los que estudiaron y no ejercieron).

Y te preguntas qué hace el vecino en la terraza. Por qué riega las plantas por la noche. O, peor aún, por qué tiene un maniquí en la terraza vestido y con bolso (el muñeco, digo, no el vecino. Aunque la vecina sí). Y, de cuando en vez -otra expresión de esas que me gustan-, te dan ganas de acercarte al vecino (o mejor a la vecina) y preguntarle qué es de su vida o por qué riega las plantas de noche.

Hay vecinos (y vecinas) a los que has estado viendo durante meses o años y nunca has hablado con ellos. Y un día vas, te acercas, y te abren la puerta a un mundo que no esperabas, que no imaginabas. Y te das cuenta de que su piso no es como el tuyo, pero no por eso es menos bonito o menos interesante.

Hay vecinos (y vecinas también, una vez más) que te invitan a tomar el aperitivo a mediodía y no te vas hasta que se acaban las copas de después de la cena. Que los ves pasear al perro y te quedas con ellos ahí, pegando la hebra en el parque. Y te cuentan cosas que no creías que pudiera contar un vecino.

Hay vecinos que se visten raro y te gusta cómo les queda. Y cuando les preguntas, te dicen que se ponen lo que les da la gana. Y te das cuenta de que por eso te gusta, porque van vestidos de sí mismos, sin disfraces. Y te dicen que les parece genial que vayas en chanclas.

Hay vecinos que hablan contigo y parece que te conocen de toda la vida. Como si te hubieran estado mirando con unos binoculares (bonita palabra), rollo james stewart (mi madre lo pronuncia “estiguar”) en la ventana indiscreta -era esa película, no?-.

Hay vecinos (y vecinas, va, que es la última) que te caen bien, que estás a gusto con ellos. De vez en cuando te preguntas si algún día se mudarán. Pero luego prefieres no pensarlo mucho y disfrutarlos mientras sigan ahí, asomados a la terraza y saludando con una mano.

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