TEXTURAS

Posted on April 5, 2012

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Hace unos años, me operaron de los ojos (de la vista, diría mi abuela). Antes, no percibía las texturas. Por ejemplo, si miraba una tela, la veía lisa, como si fuese una pieza entera, en lugar de hilos entrelazados.

Puede parecer una tontería. Y lo es, seguramente. Desde luego, es algo con lo que puedes vivir sin problema.

Pero hete aquí que un día te operas (que lo dices así, como si hubieras cogido tú mismo el bisturí) y, de repente, percibes esas texturas. Y te das cuenta de que muchas cosas son más bonitas de lo que siempre habías creído.

Y te dices que nunca vas a dejar de apreciar esas texturas, esos detalles que hacen que lo que te rodea sea más hermoso. No que lo sea (que lo es igual, te des o no cuenta), sino que te lo parezca.

Pero pasa el tiempo. Años. Y sí, te olvidas. Ya no dedicas un segundo extra a apreciar las texturas. Ya no te parecen especiales. Ya no recuerdas aquella promesa que te hiciste a ti mismo.

Y, de sopetón, un día estás mirando el sofá del salón (sí, ese mismo sofá en el que te sientas cada día) y la notas. La ves. La textura vuelve a ti y la contemplas, después de tanto tiempo.
Y te dices que esta vez no, que esta vez vas a seguir apreciando las texturas y dando gracias por poder hacerlo.

Quién sabe. Tal vez volverás a olvidarlo. Dejarás otra vez de maravillarte de la belleza de su relieve. Pero el momento de apreciarlas, de valorar esas texturas, ya no te lo quita nadie. Ni siquiera tú mismo.