TENEMOS UN PROBLEMA (Una novela por entregas del siglo XXI) #9 y #10

Posted on April 19, 2012

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La verdad era que ninguno de los dos podía decir que le extrañase. Habían pasado por todos los invernaderos, granjas, fábricas y negocios de dudosa legalidad que conocían y en todas partes la misma canción.

Pues a ver qué hacemos con él…-Maraña torció el gesto. No le apetecía tener que reconocer que el masai seguía en el calabozo, cuando el coronel le preguntase, que sería en un rato.

Volvió a poner las marchas militares y sonrió al mirar de reojo al keniano llevando el ritmo. Este hubiera hecho un buen guardia civil, qué coño –pensó. Luego se lo imaginó vestido con el uniforme y cambió de opinión.

Se volvió hacia él y se señaló a sí mismo. Pepe –dijo alzando un poco la voz, con esa costumbre tan española de pensar que gritando nos entiende cualquier extranjero. Luego lo señaló a él.

Abebe –respondió el africano. Luego señaló al cura y puso cara de interrogación.
Antonio –los tres sonrieron y volvieron a la casa cuartel.

* * * * *

Al coronel no le hizo ninguna gracia que Kunta Kinte –como se refierió a él- siguiera allí.

Se llama Abebe –la cara del coronel era un poema.
Desde cuándo tienen nombre los inmigrantes? Qué pasa, que como te jubilas te has ablandado? Manda huevos, el tío más frío que he conocido en mi vida con los ilegales ahora les pone nombre. Me cago en la leche, qué es, tu sobrino nieto? –Maraña aguantó el chaparrón con la serenidad de quien ya ha vivido la escena en su mente.
Pues te lo aviso, Pepe, me la suda lo que hagas con él, pero mañana lo quiero fuera de mi calabozo.
Sus órdenes, mi coronel.
Ni mi coronel ni hostias. Ya has oído.
Sí señor.
A ver si vas a coger el viernes, te vas a pirar y nos vas a dejar aquí el bulto…
No te preocupes, que mañana mismo desaparece de aquí.
Me cago en la leche, pues no va y me dice que se llama no sé qué. Hay que joderse –el coronel se echó a reír. Maraña esbozó una media sonrisa al principio y luego terminaron los dos a carcajadas, mientras su jefe servía dos copas de manzanilla.

Hay que joderse –repitió. A ver con quién cojones me voy a tomar yo la manzanilla a partir de ahora –Maraña se encogió de hombros.
Alguien vendrá, no te preocupes.
Sí, pero no será lo mismo.
Nunca es lo mismo, mi coronel. Nunca es lo mismo.