NEVERAS MONOPARENTALES

Posted on May 1, 2012

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Viene el niño todo el puente. Joé qué estrés. Lo primero que haces, porque eres un padre como dios manda, es ir a mercadona, claro. Pero ya os conté que esta semana había tenido un rollito con lidl… Primer error.

Porque claro, ahí estás tú, ante la novedad. En mercadona vas al lío. Ahí no hay distracciones. Pero en lidl hay bolitas de cereal cubiertas de chocolate del madrid. Y, como el niño ha salido vikingo (otra de esas desgracias monoparentales de las que hablaré algún día), pues vas y se las compras. Y galletas de no sé qué. Y queso de no sé cuál.

Como te faltan la mitad de las cosas, vas a mercadona. Conclusión: has hecho la misma compra de siempre en mercadona, más lo que has comprado en lidl. Todo muy sensato.

Al llegar a casa tienes problemas para guardar algunas cosas en la nevera. Pero te apañas, porque aparte del clásico medio limón rollo sara montiel (que siempre está en esos agujeritos que ponen los fabricantes de neveras para poner los huevos, los de gallina, se entiende, y que nadie usa para ponerlos porque yo no sé en qué país diseñan las neveras, pero vienen ocho agujeritos y aquí, o de a seis o de a doce, pero de a ocho los huevos no se venden), un par de tónicas (quién c**** las habrá traído si yo no bebo tónica? Probablemente, el mismo que llevó esa botella de licor de frambuesa que a todos nos dura más que el matrimonio) y un bote de tomate frito (con los churretes de tomate más secos que el ojo de la inés), la verdad es que ya no tenías de nada.

Entonces te pones a cocinar. Le voy a hacer albóndigas, y filetes rusos, y cocido, y judías blancas, y natillas, y flan… A ver, cipoto, que viene para cinco días! Pues nada, que ya no caben los tupper en la nevera. Pero te apañas porque sigues siendo teniendo el record del tetris en la máquina del bar de manolo, que es un romántico.

Y llega el niño. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto. Como hace un tiempo de mierda, a casa; y como viene con el mono, se abalanza sobre la wii, que es la verdadera razón del amor que siente por ti (a tus padres no llegas a quererlos de verdad hasta que no eres padre). Tú, todo chulito, te aooyas en el quicio (sí, ese del que tantas veces te saca) de la puerta del salón y preguntas: qué vas a querer cenar?, porque tengo de todo… Date por jodido.

El cerebro tiene un mecanismo de ahorro de energía que se denomina economía de pensamiento. Es decir, es como un prius: al llegar a un semáforo, se apaga. La wii es un semáforo muuuuuuuy largo. Así que, a la tercera vez de preguntarle qué va a querer cenar (porque las otras dos ni se ha enterado), sin volverse te contesta: pizza. Claro. Y reaccionas tarde: seguro que pizza?, te he hecho… Pizza, pizza (no te deja ni terminar).

Esta situación se va repitiendo en diferentes formatos a lo largo de todo el puente. Qué quieres comer?; sarandongo (que es como llamamos en casa al arroz con bacalao; somos unos cachondos mentales, a que sí?). Qué quieres cenar? Perrito caliente. Asía, ad aeternum.

El martes abres la nevera y, por arte de birlibirloque (qué gran expresión) está más llena que el viernes. Y empiezas a tener comida en el horno, en la encimera… Y echas cuentas (algo en lo que somos maestros los monoparentales, más incluso los metidos a empresarios): hoy nos tenemos que tomar el pescado, que se estropea (niño friki de star wars + visita a la pescadería del corte inglés = un kilo de emperador); cenamos en casa de la imbécil de Almu; mañana comemos fuera…

Y se te va quedando carita de gilipollas, claro. Te acabas de dar cuenta de que te has pasado todo el puente (y el previo, como en la F1) cocinando como un imbécil, para nada.

Y te dices que no volverá a pasar, que la próxima vez va a cocinar su p*** madre y que vivan mcdonald’s, hollywood y tony roma’s.

Pero ya verás cómo vuelves a caer, ya. Que san isidro está a la vuelta de la esquina…