TRIBULACIONES MONOPARENTALES: “ES QUE”

Posted on May 20, 2012

0


Tener un hijo “es que” es chungo. Pero chungo de verdad. O sea, casi tan nefasto como tener un hijo bailarín, de esos que salen en los programas de la tele con unas mallas haciendo el hortera detrás de cantantes de la talla de Marta Sánchez, por ejemplo.

Que vas al día siguiente a la frutería y todas las vecinas marujis te dicen: ya vi anoche a tu hijo en la tele, qué guapo es, ya tenía carita de niña desde pequeño, te acuerdas? Y tú sonriendo y tragando bilis.

Todas las noches rezo por el padre de Giorgio Aresu, que a los heterosexuales de mi generación nos ha dado siempre más miedo que el de pesadilla en elm street (no me acuerdo de su nombre), que acojonaba pero no por las cuchillas esas que llevaba en los dedos, sino por lo feo que era el jersey y la mierda que tenía.

Pero me disipo una vez más.

Decía que tener un hijo “es que” es el verdadero drama. Para que os hagáis una idea:
-haz los deberes; es que me duele un ojo
-recoge tu habitación; es que no puedo ahora
-estudia; es que se me ha olvidado el libro

Cuando tienes un hijo así, vives con la angustia constante de que un “es que” te esté esperando, agazapado, para saltar sobre tu cuello y morderte la yugular.

Hay universidades americanas (si no, no lo diríamos. Aquí sólo cuenta lo que estudian los americanos. Si dijeras la universidad de tomelloso está estudiando… no tendría credibilidad, por muy buenos investgadores que haya en tomelloso) que están estudiando cuántos “es que” es capaz de aguantar un padre. Por los datos -y por las ganas que me entran de tirarme por la ventana cada vez que oigo uno-, me quedan pocos.

Así que, si un día de estos leéis en los periódicos que me he quitado la vida de forma violenta (o en foursquare: pachilanzas has just checked in hell; o en facebook: pachi lanzas acaba de iniciar una carrera runástica por toda la eternidad), ya sabéis el motivo. En el epitafio poned, por favor: aquí descansa pachi, es que no aguantaba más.

Y aquí termina este post. Es que tengo un montón de “es que” que esquivar.