CASTILLOS EN EL AIRE

Posted on June 12, 2012

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Hacer castillos en el aire está bien, siempre y cuando seas consciente de que sólo son eso, castillos en el aire.

El problema viene cuando te los empiezas a creer. Cuando, por arte de birlibirloque (cómo me gusta esa expresión, por dios!) el suelo parece acercarse a tus pies y, casi sin darte cuenta, se te ha olvidado que sólo era una quimera, un juego. Que nada era de verdad.

Ese momento casi siempre llega como los aviones low cost, tarde y sucio. Y, de sopetón, se acumulan las quejas, los malos rollos, los que sólo pasaban por allí y se ven metidos en todo el marrón.

Hay quien le echa güevos y tira p’alante. Que sea lo que dios quiera. Paso atrás ni para coger carrerilla. Otros le echan los mismos güevos y deciden agarrar el toro por los cuernos y acabar de la forma menos mala posible.

No me he equivocado, no. Lo he dicho a sabiendas. En ambos casos, es cuestión de echarle güevos. De una manera o de la otra, tienes que hacerlo. Los del atleti sabemos de eso y se lo cantamos a los nuestros en el calderón.

A mí me gusta hacer castillos en el aire. Me gusta imaginar proyectos, soñar que saldrán bien. Que todo irá perfecto. También he permitido que alguno me pareciera perfectamente asentado en el suelo.

Ahora toca echarle güevos y seguir soñando con los ojos abiertos y los dedos cruzados.