DETRITUS

Posted on June 19, 2012

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A ver, quien me conozca sabe que no soy lo que se dice un defensor de la conservación del medioambiente. Lo veo rollo de perroflautas, listillos con ganas de hacer dinero fácil y políticos retirados con un discurso tan vacío como su cráneo.

Primero está esto de tener diecisiete cubos de basura. Que yo os juro que hay veces que me guardo las cosas en el bolsillo porque no sé qué hacer con ellas. Por ejemplo, los chicles. Que parece que te ha dado un aire ahí, delante de la basura en el típico centro comercial, mirando a esos supercubos que parecen el simón aquel al que jugábamos de pequeños. Y tú en tu cabeza pensando azul, amarillo, verde, azul, amarillo, verde…. Yo, al final, cierro los ojos y donde caiga, qué quieres que te diga.

Pero lo que sí se nota es que cuando vienes del pueblo hacia la capital, sube la temperatura. Que no sé si eso tendrá que ver con el calentamiento global o no. Porque si fuera por eso, que me expliquen qué pasa en el desierto. Que ahí sólo viven cuatro con un camello (de animal, no de los de chándal).

Todos los científicos de verdad (no de esos de palo que salen en la tele) con los que he hablado –que tampoco es que sean cienes, la verdad-, coinciden en que no tenemos ni idea de si todo esto es culpa del ser humano o del sol. Pero al Hombre –así con mayúsculas- siempre le ha gustado pensar que es el centro del universo y que es el señor de la Tierra –también con mayúsculas- hasta el punto de ser capaz de cargársela.

Yo tengo serias dudas de que TODO sea culpa nuestra. Estoy seguro de que cualquier cambio en el sol –que tiene sus estaciones y sus variaciones- afecta mucho más que nuestras emisiones de ceodós (siempre suspendí química, el núñez me la tenía jurada y esta es mi dulce venganza). Seguro que algo influimos, pero no creo que sea para tanto.

Lo que más gracia me hace es que a los gobiernos se les llene la boca de kioto y de reducción de consumo de combustibles fósiles y no exijan la eliminación de los motores alimentados por derivados del petróleo y el carbón, la utilización de trenes para el transporte de mercancías (en lugar de camiones) y se lucren de la explotación de los residuos creados por sus votantes. Eso, sin hablar de la permisividad con los procesos de las fábricas y los vertidos –de los que no habla nadie, pero que se siguen haciendo-.

También están el canal de isabel II y compañía, que nos dicen que hay sequía, pero se han cargado todos los acuíferos del país y desperdician literalmente el treinta por ciento del agua (la diferencia entre la que sale de los pantanos y la que llega a las casas).

No sé si nosotros –lo que viene siendo la humanidad- está destruyendo algo. Pero una cosa tengo clara: el ser humano es sólo una anécdota en la historia de este planeta. Así que, no nos creamos tan importantes…

PD: se me han quedado muchas cosas en el tintero. Creo que hablaré más de este tema…