VACACIONES MONOPARENTALES: GAZPACHO

Posted on July 8, 2012

2


Lo malo de que llegue el verano es el gazpacho (o gaspasho, como se prefiera). No digo que sea malo en sí, que no lo es, pero es fuente de mucha amargura.

El gazpacho es una de esas cosas que en cada casa se hace de una forma (como las croquetas, la tortilla de patata y el sexo). Por ejemplo, la mamma hacía una especie de zumo de tomate sin más (en mi familia se han inventado la tontuna de que son alérgicos al ajo…).

Cuando te vas de casa (de tus padres, luego te vas de otras casas), lo intentas hacer igual. Porque es a lo que estás acostumbrado. Pero después llega alguien y te dice que en su casa lo hacen asá. Y, como quieres agradar, lo cambias. Pero no te sale como buscabas. Y creas tu propio gazpacho que esa persona cree que le gusta más que el de su casa.

Todo es un espejismo. Un día lo dejáis y vuelve a gustarle más el de su madre. Pero tú ya te has quedado con tu fórmula secreta del gazpacho que, como eres gilipollas, volverás a cambiar cuando otra persona te diga alguna parida tipo es que mi madre le pone cominos.

Así que te levantas un san fermín cualquiera, monoparental perdío, y te dices que ya lo has superado y que puedes volver a hacer gazpacho, aunque no sea para ella. Y compras los tomates, los pimientos, ajos, pepino… Toda la vaina. Y hala, a quemar la batidora.

Y se produce el milagro. Tantos siglos de filósofos y teólogos debatiendo sobre la transubstanciación y la multiplicación de los panes y los peces y hete aquí que tú puedes reproducirlos ambos en la cocina. O sea, de verdad has intentado alguna vez hacer gazpacho PARA UNO??? Es imposible. De repente, tienes como cinco litros de gazpacho. Pero no puede ser, joé, si sólo era un kilo de tomates, dos pimientos y un pepino! De dónde coj*** ha salido todo esto????

Y, claro, preparado, lo que se dice preparado, pues no estás. Y te vuelves loco buscando un cacharro en el que quepa. En ese mueble que tenemos todos lleno de tuppers guarrindongos (para qué, si siempre usas el mismo?) Y que basta que muevas uno para que se caigan todos al suelo (luego los vuelves a meter a mogollón y la próxima vez te pasará lo mismo, como con las mujeres).

Al final acabas llenando docenas de botes vacíos de garbanzos en conserva. Que son unos tarros que crecen por generación espontánea en los armarios de cocina monoparentales (no sé por qué, cualquier otro se va a la basura, pero los de garbanzos se guardan siempre…). Y repartes tu gazpacho entre familia y conocidos, porque no se acaba nunca. Es una propiedad inherente a su naturaleza: hoy tienes diez litros y mañana doce. Y, sin embargo, un día piensas: me voy a tomar un gazpachito, que me apetece; y quedan dos cucharadas. Es su carácter: se termina de golpe.

Total, que el gazpacho trae muchos quebraderos de cabeza (y eso que me he saltado la preparación, lo que se mancha, el trozo de uña que se lleva siempre de regalo, las tardes que te da, los posibles besos que se pierden por su causa…). Pero, sin él, el verano no sería verano!