COMO VENDE UN ABANICO A UN GUIRI DESPISTAO…

Posted on July 15, 2012

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Un estadounidense: crea una red de franquicias en todo el mundo. Los abanicos son de pésima calidad, pero cuestan trescientos euros. Se ponen de moda. Dejan de estar de moda. Al final las franquicias acaban vendiendo de todo, menos abanicos.

Un inglés: contrata a los mejores consultores del mundo, crea un masterplan, un business plan, un business continuity plan, un brand plan, un marketing plan, un pr plan… Tres años después no han vendido un solo abanico, pero la filial española mantiene a todo el grupo, nadie sabe bien cómo.

Un alemán: contrata a mil ingenieros para diseñar el mejor abanico del mundo. Redactan un manual de usuario de ocho mil páginas. Lo anuncia en televisión Schumacher. Sólo compran el abanico dos señoras de noventa años que mueren casi en seguida.

Un italiano: contrata a los mejores diseñadores (de Milano, por supuesto) y crea unos abanicos supercool que se rompen antes de sacarlos de la caja. No los compra nadie, aunque salen en la última película de bond, james bond.

Un rumano: te asalta en un semáforo y te pide aypolfavoltúcompraabanicoyomuchahambre. Luego te coge el dinero pero no te da el abanico. De paso, te roba el móvil.

Un francés: crea una fábrica y la nacionaliza. Todos los empleados pasan a ser funcionarios. Se gasta un chorrón de euros en una campaña mundial para asegurar que los abanicos franceses son los mejores del mundo. De la fábrica no sale jamás un abanico.

Un ruso: te pone una pistola en la cabeza y te dice que le compres el abanico o te la vuela. Le pagas los diez euros del abanico. Te lleva a celebrarlo y se gasta tres mil euros en invitarte a vodka (grey gousse) y caviar.

Un sueco: odia vender abanicos. Escribe una novela: La chica que amaba los perros pero se pegó fuego al encontrar a la cabra que no amaba a los hombres estúpidos. Se suicida. No vende ni un abanico. Un editor publica la novela y se hace rico.

Un argentino: engaña a un empresario español para que le compre una fábrica de abanicos inexistente. Después, convence a un estadounidense para que compre la empresa. Luego a un francés para que la compre. Al final nadie sabe de quién es la empresa. La nacionalizan, pero exigen a los dueños que paguen un zorollón de millones para cubrir las deudas. El argentino adquiere un rancho en la pampa, se enrolla con la mujer del español, la del estadounidense y la del francés. A la vez. Las deja. A la vez. Se vuelve a España a buscar inversores para otro negocio. Los encuentra!!!

Un español: coge todos los abanicos que les sobran a los estadounidenses, británicos, etc. y los vende a un intermediario que los comercializa a través de un distribuidor que los coloca al menor. El precio del abanico se multiplica por trescientos mil. Los minoristas no pagan al distribuidor, que no paga al intermediario, que no le paga a él. El banco no le concede una línea de crédito. Tiene que cerrar la empresa. Se va a trabajar a una multinacional británica de abanicos con un prometedor career plan que lo convertirá en director general en dos años. A los dos meses, como no se vende un abanico, se va al paro. Pilla a los guiris en la puerta del sol y les dice: el abanico es una mierda, pero con la caló que está cayendo… Vender no vende, pero se los cambia al del bar por una caña y un bocata de calamares al día. Y va sobreviviendo.

Posted in: MADRID