TENEMOS UN PROBLEMA (Una novela por entregas del siglo XXI) #26

Posted on July 20, 2012

0


José Vicente Maraña, ex-comandante de la Guardia Civil había vivido muchas exaltaciones de políticos y personalidades. Por caprichos del destino que no vienen al caso (o tal vez sí, pero ya se contarán en otra ocasión, si es menester), presenció en primera línea las celebraciones de Sandro Pertini en la final del mundial del 82, el de Naranjito. Tal vez esa fuera la más famosa, pero desde luego no la más estentórea de las que había sido testigo. Alcaldes ofreciendo cocaína gratis para todos en el pregón de las fiestas, una hermandad al completo de costaleros como cubas que perdieron el paso (literalmente. El Cristo en cuestión, el de la Buena Muerte tardó tres días en aparecer, hecho que fue interpretado por algunas beatonas como un milagro evidente, por lo que amenazaron con escribir al papa santo de Roma, dada la terquedad del Don Cipriano, a la sazón párroco de la localidad, en reconocer lo extraordinario del hecho en cuestión, lo cual demuestra que no te puedes fiar de un cura rojo, que ya lo decían ellas cuando vino a sustituir a Don Emeterio, aquel chico tan majo, que era de Falange de toda la vida y que se marchó de repente vaya usted a saber por qué, aunque eso no justificase que la gente fuera diciendo por ahí que lo habían visto actuar vestido de mujer en un local de mala nota del Barrio Chino de Barcelona, sin duda un infundio perpetrado por la mente enferma de algún comuista degenerado). O sea, que este tipo de espectáculos la verdad era que hacía años que habían dejado de llamarle la atención. Pero tuvo que reconocer que la inauguración de la ciudad deportiva Sisebuto Altramuz era como para no creérselo.

Y eso que me ha fallado Bisbal en el último momento, se lamentaba el alcalde. Los compromisos, ya se sabe. Pero me ha mandado un mensaje muy cariñoso, qué buen chaval. A cambio, llegó un crío medio flamenco, al que Maraña le hubiera pasado a gusto el cortapelos por las greñas mugrientas, y que no se enteró en ningún momento de dónde estaba. Entre canción y canción sólo gritaba gracias Madrid, sois los mejores (con algunas variantes, más o menos infestadas de palabras malsonantes). El concierto debió de ser un éxito a juzgar por las reseñas de los medios de comunicación locales, aunque el experto oído de Maraña, curtido en cientos de miles de marchas militares y pasodobles, detectó que todos los instrumentos estaban desafinados (incluido el teclado eléctrico, lo cual no dejaba de tener su mérito).

Pero a él todo eso le daba igual. Sólo miraba a Abebe y fruncía el ceño. Cagoendiós, ya verás tú la movida que va a ser esto al final, rezongaba.