ECHAR DE MENOS

Posted on August 4, 2012

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Echar de menos es una de esas cosas que joden, porque van en contra de tu voluntad. Nunca sabes dónde está agazapado el recuerdo que te va a pegar en toda la cara. Porque la memoria es caprichosa y, como las armas, la carga el diablo y se dispara cuando menos te lo esperas.

Así que, ahí estás, con todo el cuidado del mundo. Borras las canciones que te pueden traer un recuerdo, escondes los libros, las películas, los olores, los sabores. Intentas evitar vivir tu vida, porque si la vives, sabes que echarás de menos.

Y, además, es un asco, porque nunca dejas de echar de menos. Echas de menos hasta a gente que te cae mal. Pasas por delante de una calle y recuerdas que ahí vivía el hijoputa de peláez, que le hizo la vida imposible a tantos compañeros tuyos en la egb.

Yo de cuando en vez recuerdo olores que me hacen echar de menos. Por ejemplo, los filetes que se comía mi abuela en la habitación del hospital cuando me operaron de apendicitis. Y la echo de menos. La vainilla, el chocolate con almendras, el mediterráneo… Cada uno me trae un instante (o muchos) que me hace echar de menos.

Luego, un día crees que ya estás curado y pones una canción. Y a veces sí y a veces no. A veces hay grupos de los que no puedes volver a escuchar nada. O escritores. Yo no puedo ver un libro de agatha christie sin recordar a mis padres, o uno de asimov sin que me venga a la mente la sonrisa del tío salva.

O las comidas. O restaurantes a los que sabes que ya nunca podrás regresar. Lugares, cuadros. Esa serie de la tele que veíamos juntos. Cuanto mayor eres, menos refugios te quedan.

Agosto es el mes estrella. En el que falta (qué coño, ME falta) más gente y en el que hay más cosas que (ME) los recuerdan.

Sólo espero que este agosto me traiga más sabores, más olores, más lugares, más canciones que añorar. Porque aunque joda echar de menos, jode más no hacerlo.