MADRID DE TERRAZAS

Posted on August 13, 2012

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En agosto en madrid, todos los años lo mismo. Dónde vamos hoy? Una terracita, no? Es lo mismo que pasa en invierno, pero con una ligera variación. En invierno es dónde vamos hoy? Un japo, no? Ya se sabe que los madrileños somos bastante rutinarios.

El caso es que siempre acabas en una terraza. Las hay para todos los gustos y colores. Desde la máxima sofisticación con cócteles de nombre más largo que un domingo sin dinero, hasta el barriobajerismo del mantel de papel y culto a la diosa freidora y el dios tinto de verano. Las hay a pie de calle, acondicionadas con aroma de combustibles fósiles y asfalto recalentado; y en las alturas, con vistas al skyline de vieja desdentada de la capital. Las hay en el centro y en las afueras, caras y baratas, cool y cutres… Si no eres capaz de encontrar una terraza que te guste en madrid, háztelo mirar, que ahora lo cubre la seguridad social (en copago, claro).

Yo tengo mis favoritas, como todo el mundo. Normalmente, asociadas a la compañía. Me gustan las de santa ana, con su ambiente guiri y paleto, porque voy con jorge. La de debajo del puente de rubén darío, tan white-collard de tercer nivel, porque la asocio con Susdi. La del mercado de san antón, mezcla de madrid cultureta y gay, con toques de turista buscando el inexistente off the beaten track, me recuerda a mis hermanas, a pita y a alonso. En mi pueblo y alrededores, la del irlandés de boadilla (el de toda la vida, no el nuevo) porque iba con los colegas del santander y el otro día volví a pasar un rato más que agradable; y, por supuesto, santinno porque es donde está la creme de la creme (aunque el que han puesto un poco más abajo le está haciendo la competencia este verano).

Pero una buena noche de verano madrileña es la que termina en otro tipo de terraza. En la de la casa de unos amigos que te preparan mojitos como dios manda, a precios de crisis (o sea, por la patilla, que son los que mejor saben). Y ahí, sin lugar a dudas, cris y óscar se lo llevan de largo.

El sábado tuve una noche muy madrileñoagostera. Todo empezó en una terraza, claro: loft 39, no volveré jamás, no porque la cena no fuera buena, no porque fuera cara, no por lo típico, sino porque a las doce te echan, como a cenicienta. Siguió en la que se ha convertido ya, por derecho propio, en mi favorita: la de oscar, el hotel de room-mate en vázquez de mella. En serio, tiene absolutamente todo lo que puedes esperar de una terraza. Es p-e-r-f-e-c-t-a. Y terminó en terraza particular, con los mejores gintonics y la mejor música del mundo. La guinda.

O sea, una noche de sábado de esas que te hacen dar gracias al universo por vivir en esta villa en la que, de tarde en tarde, una lluvia de estrellas te hace sonreír.

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