SEMAFOROS Y SONRISAS

Posted on August 31, 2012

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Manuel -que le hemos puesto ese nombre como le podíamos haber puesto Jacinto o Venancio- pela pausado una naranja a la sombra de un árbol del paseo de la castellana. Hierve el asfalto y, después de vaya usted a saber cuántas horas, se agradece el frescor de la hierba y descansar las piernas.

Monda la fruta como monda sus recuerdos. Les quita la cáscara de la resignación y el autoconvencimiento y se pregunta dónde fueron a parar tantos sueños, tanto amor, tanto trabajo, ni agradecido ni pagao, como decía su padre.

Agarra el bocadillo con las dos manos, como agarraba antes la vida. Antes de que se le terminara la juventud. Antes de que se le despertaran los ojos a la realidad.

Hace tiempo que Manuel no se queja. Es la vida que le ha tocado vivir. Las habrá mejores y peores. No es bueno compararse con los demás.

Se sacude las migas del regazo, tan pulcro y cuidadoso como siempre, y se limpia con su pañuelo doblado a la perfección, cada esquina coincidente con su opuesta. Se coloca con cuidado la camisa y se alisa el pantalón. Agarra la bolsa de kleenex y se dispone a volver a su semáforo.

De cuando en vez pasa alguien, tal vez un mujer guapa y agradable, con una sonrisa. Y le dice que no lleva nada. Y él contesta que prefiere la sonrisa a la moneda. Lo dice de corazón. Lo dice porque sabe lo caras que están las sonrisas últimamente.

Manuel -o Jacinto, o Venancio- mira al sol y cuenta las horas de semáforo que le quedan. Las horas a veces largas y a veces demasiado cortas. Las horas que a veces se acaban y a veces quieres que se acaben. Y mira una vez más hacia adelante, en busca de una sonrisa.

Posted in: INVISIBLES, MADRID