SEVILLA Y MADRID

Posted on October 5, 2012

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En el triángulo de las bermudas que forman los vértices de prosperidad (la prospe, para los del terreno), chamartín y el viso, una tarde-noche cualquiera, Sevilla y Madrid se dan la mano. En esa no-man’s-land en la que las casas bajas de pueblo coquetean con oficinas de cristal, en la que callejuelas estrechas y retorcidas como pensamientos de un político, se besan con esas mujeres fáciles que son las grandes avenidas con joyas de bulevar, dos mundos se juntan y se mezclan.

A ritmo de Tchaikovski, despiertan de una siesta berlioziana, que trae recuerdos de infancia de un patio de Sevilla, donde el limonero dejaba paso a la música en las tardes de los lunes. Cava para celebrar nada, el mero hecho de conocerse, de saberse a ambos lados de una misma frontera, dibujada por el lápiz inocente de quien ignora que las fronteras no existen.

Risas por triplicado, porque las entradas que les han tocado en las gradas de la vida puede que no sean las mejores. Cómo serlo con entrada por la puerta trece?

Dos versiones de Sevilla (la rubia y la morena, la flamenca y la señorita) bailan chotis con aroma a bienmesabe, sorpresa inicial, luego esa tranquilidad que da saber que, en el fondo, todas las ciudades son iguales, salvo por ligeros matices.

Llega la hora en la que las motos se adueñan de las calles y la noche cae. Un último cruce triple y guadalquivir y manzanares van a dormir al mar.

Mañana será otro día. Con otra Sevilla y otro Madrid. Y pasado, también, tal vez con las mismas dos Sevillas y alguna más. Sea como fuere, Madrid y Sevilla se dan la mano.

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