PESADILLA EN CASTELLANA STREET

Posted on November 5, 2012

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PD: si te parece largo el post, te aseguro que comparado con lo que pasé yo, es un suspiro.

Llueve en Madrid como si se fuera a acabar la lluvia. Es domingo y son las siete y media de la mañana. Quién es el imbécil que se levanta? El que suscribe, claro. Pero espera, que eso no es lo peor. Que voy y me levanto para qué? Para ir a correr…

Y ya que nos ponemos a correr, para qué vas a correr una distancia normal. No sé, cinco o seis kilómetros. No, diez. Hala, con dos… (con dos de esos, pero de cerebro, nada de nada).

Di que era por una buena causa. La carrera solidaria de ACNUR y BBVA. Pues vale. Pues eso te motiva. Y vas tú ahí, bajo los chuzos de punta (una expresión de la mamma un poco escalofriante, la verdad, porque si te cae un chuzo encima, te deja tieso), con tu camiseta oficial, dorsal serigrafiado (04948, un poco rollo Prison Break, pero bueno), chip atado en los cordones de las zapatillas (al final, no me compré las asics, sigo corriendo con las de tenis. Para sufrir más, ya sabes) y todo dispuesto.

Guardas los bostezos en la guantera del coche, que para eso está, y a correr. Que es de cobardes, es cierto, pero tampoco es que uno haya destacado nunca por su valentía (mis amigos de juventud me llamaban Juan Sin Miedo. Es una larga historia que ya os contaré si me da la gana).

Mal de muchos, epidemia, dicen en mi pueblo. Así que, como está como si lo regalaran, piensas que no serás tan gilipollas. Pero te equivocas, claro. Algunos están peor que tú, porque corretean por la calle. Para calentar, dicen. Yo tengo la teoría de que cada paso que das antes de empezar es un paso que te va a faltar antes de terminar. Y a mí ya me faltan demasiados como para tentar a la suerte.

Hay dos recorridos, el de cinco kilómetros (o sea, para gente que todavía tiene una posibilidad de rehabilitación) y el de diez (para los casos perdidos). Ya os he dicho el que he elegido. En fin…

En la línea de salida, mucho pro. Bueno, me entero al verlos pasar de vuelta, claro. Porque cuando yo quiero pasar por debajo del arco publicitario que marca el inicio de la muerte lenta, ya han pasado tres minutos.

El recorrido asusta sólo de pensarlo. Pero verlo es peor todavía. De Azca a Cibeles y de ahí a Plaza de Castilla para dar la vuelta y volver a bajar hasta Azca. En metro debes de tardar como media hora y serán diez estaciones, digo yo.

El comienzo no va mal. Acabas de arrancar, un poco cojitranco del derecho (cosas de la edad) y, según vas calentando, te sientes mejor. Fuera gafas, porque con la lluvia no ves nada y a la muerte es mejor mirarla de frente.

A la altura de San Juan de la Cruz (creo que se llama así la plaza, es donde está el monumento a la constitución, ese que es tan espantoso que lo pusieron esquinao para que no se vea mucho) me pongo a otear el horizonte por si veo la luz verde de un taxi y huir. Pero las únicas son las azules de los municipales. Los muy mamones de los organizadores lo tienen todo pensado.

Vas viendo pasar los carteles con el número de kilómetro y es como de coña. Venga, que ya sólo faltan nueve, suelta algún cachondo.

De pronto, un tipo con un micro dice que los que hagan la carrera de los listos, se vayan para la izquierda. Los ves marchar con la misma melancolía que a la furgoneta del churrero de Arenas por la mañana, cuando se piraba sin que te dejasen comprar una miserable media docena. Pero, en tu interior, los tachas de cobardes y sigues.

Es sorprendente la cantidad de chorradas que se puede decir a sí mismo un ser humano. Vamos, que la lucha es contra ti mismo; tú puedes, sólo llegar es un éxito… Bueno, te haces a la idea, no? Pues todas y más me las solté yo a mí mismo.

Correr estas distancias es un poco como el matrimonio. Las cosas que al principio sólo son una ligera molestia (vaya, se ha vuelto a dejar destapado el champú. Pero no importa, porque la quiero un montón y lo cierro yo, en un acto de amor), se convierten poco a poco en algo insoportable (ya se ha vuelto a dejar destapado el champú? Para mí que lo hace a mala leche. Se lo voy a meter por…). Pues eso. Parece que me tira un poco la rodilla evoluciona a por dios que alguien me ampute la pierna y ponga fin a esta agonía.

Estoy seguro de que nunca habéis hecho lo que os voy a decir. Ponte en Cibeles y mira hacia arriba, hacia Plaza de Castilla. Me apuesto lo que quieras a que no la ves de lo a tomar por que está. Pues dale que te dale. Si esto, paso a paso, vas llegando.

Los primeros, que dieron la vuelta hace como un mes, corren como si los persiguiera la muerte o un negro mandingo, como dice mi amigo Manu. Total, por un trofeo más feo que la madre que lo parió, que luego seguro que tu mujer te dice eso de pues ya te lo estás llevando a la oficina, que yo ya no aguanto más mierdas tuyas de esas. Sólo hacen la vista gorda con los de mus, porque los jugadores de mus no se andan con tonterías. Cuando paso por la contrameta, ya han llegado, claro.

A la altura del kilómetro siete, lanzo una breve mirada por encima del hombro para comprobar que la ambulancia sigue a menos de cien metros de mí. Me da tranquilidad y un poco de mal rollo.

No llevo a mucha gente detrás, la verdad. Pero me sigo diciendo tonterías tipo es que han abandonado muchos, es que hacen la de cinco kilómetros. Lo que quieras, pero vamos, que en el fondo sé que soy como el ciclista chungo que entra siempre en el Tour cuando ya se han ido las azafatas esas feas que entregan un león de peluche, que manda huevos siete horas de bici y diez puertos asesinos para que te den esa mierda y un ramo de flores, que a ver qué haces con él, porque en la bici no te lo vas a llevar, digo yo.

A los ocho, juraría que me pasa una abuela con taca-taca, pero no lo puedo asegurar porque ya no sé si soy consciente y la vista se me nubló hace tiempo. En el giro en Plaza de Castilla oigo una voz gritar venga que ya no queda nada. Supongo que se refiere a mi existencia en este valle de lágrimas.

Pero llega la cuesta abajo. Esto lo bordo. Como dice Julio, es cuestión de abrir las piernas y dejarse caer (por cierto, le tengo que comentar que esta frase, fuera de contexto, suena rara, rara). Cuando ya crees que lo tienes todo hecho, un dolor en el costado te trae un extraño recuerdo de la semana santa en los agustinos.

Sé que he entrado en la meta porque uno me grita que no me pare en medio y hay cámaras. La muerte siempre ha tenido mucho fan en este país. Cuando quiero recuperar la consciencia, una buena mujer me alarga una bebida de color sospechoso que resulta ser gatorade. Estoy tan mal que hasta me sabe bien.

Por fin. Todo ha terminado. Mi sufrimiento tiene fin. Pues va a ser que no. A medio camino hacia el coche, me doy cuenta de que nunca llegaré hasta él. Mis piernas no me obedecen, como las de los madelman, que siempre se chinaban y te los dejaban más torpes que un clic de famobil congelado.

Deja de llover. Ahora? Anda que…

No soy capaz de montarme en el coche. Al llegar a casa, sopeso la posibilidad de quedarme a vivir dentro de él. No creo que nunca logre salir. Por la tarde, me planteo hacerme pis encima por no tener que ir hasta el baño.

Y pretenden que corra otros diez dentro de quince días. Amos no jodas!!!

Posted in: MADRID