POR POCO, PERO FELIZ

Posted on November 28, 2012

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A seiscientos kilómetros de casa, bosteza el sol y las nubes se disfrazan de albaricoques. Enciendo las de cruce y, como dijo el maestro, vuelvo a verte una vez más, una de tantas veces.

Se produce ese extraño momento, habrá quien diga que mágico, en que parece que te detienes y es el paisaje el que se mueve. Como un efecto especial de una película, el mundo entero en slomo, mientras tú tienes tiempo de observarlo todo.

Nada queda atrás, salvo el bienestar por el trabajo bien hecho, pero ya casi olvidado. Nada hay delante, excepto la carretera, con su línea intermitente en medio, y la libertad para elegir una salida, una parada, un ritmo.

Pronto, la luna -llena o no, eso lo decides tú mismo- se encarga de crear ilusiones, que tal es su misión en el universo. Cambian las formas, los colores. Ves donde no hay. No ves donde sí hay.

Y, de repente, casi sin sentido, olvidas el cansancio, el destino, el origen, el paisaje y todo lo que no sea el propio camino. Y sonríes. Sólo un segundo; lo suficiente.

Y eres feliz. Por poco, pero feliz.

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