CUANDO UN AMIGO SE VA

Posted on December 1, 2012

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Dicen que algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Pero es mentira. Cuando un amigo se va, lo que pasa es que algo nace en el alma. O sea, lo contrario. Mientras lo tienes ahí delante, you take him for granted, como dicen los anglosajones. Te guardas las cosas en el hipotálamo (o dondequiera que se acumulen los recuerdos olvidados) y sólo se mudan al alma cuando su presencia se escapa.

Así que ahí estamos los cuatro. Reunidos, una vez más. Como tantas otras. Pero, esta vez, todo parece diferente. Las anécdotas, que ahora fluyen más que nunca, nos despiertan las carcajadas y las penas, como payasos al borde de la jubilación en un circo desmantelado.

Lo vemos trastear por los armarios y los cajones. De cuando en vez, nos alarga algo a alguno de nosotros. Esto te lo tienes que quedar tú. Protestamos, pero sin convicción. Guárdalo, a ver si te va a hacer falta. Él nos mira con esa paciencia suya de siempre, camuflada de pachorra, y saca a pasear la proverbial media sonrisa. Que te lo quedes, joder, no des el coñazo. Y te descubres con dos pares de shanclas en las manos. Cuídalas, que me las compré en Tarifa, eh? Y recuerdas cuando las compró, porque estabas con él y te reíste de esa puta manía tuya con el verde, de verdad; es que para ti no hay más colores? Y tenía esa misma cara, como de medio cachondeo, y te soltó una de esas frases crípticas suyas: para apreciar todos los colores, tienes que ver sólo uno. Deja de leer el Tao Te Ching, tío, porque te estás volviendo gilipollas. Eh, ese eres tú, no te quiero robar el puesto.

Como si me hubiera leído el pensamiento, me llama por mi nombre. Ya está el gilipollas escribiendo ñoñerías, seguro. Y me intenta quitar la bberry, pero no puede. De pronto, lo veo en toda su fragilidad. Sus piernas, tan delgadas que parecen una caricatura. Sus muñecas, inexistentes, con las pulseras convertidas en hoola-hoops (no sé cómo se escribe). El pelo, que ralea ya, como un sueldo de clase media en día 20. Como vea alguna tontuna mañana en tu blog te atizo. Me doy por avisado, pero todos sabemos que lo publicaré, porque hace tiempo que se lo prometí y el momento es ahora.

Espera, espera. Hay que escuchar una. Lleva un tiempo que cada día pone un disco hasta que se harta. Pero, entre canción y canción (un tema no se corta nunca), le da por regalarnos los oídos con una especial. Tras un par de horas de Fogerty, hasta se agradece. Me quedo contigo. Le aplaudimos la elección. El maestro siempre será el maestro. Menos mal, ya creí que el puto perroflauta nos iba a castigar con Melendi o algo así. Él finge sentirse ofendido por la observación y sube el volumen.

Esto no es una película. Esto es la puta realidad. Y nos tragamos las lágrimas y los recuerdos. Y nos damos la vuelta sin que se note o nos vamos al baño cuando no podemos aguantar más. Ya sabes, hay cosas que se sienten muy dentro, como el hambre o las ganas de orinar (y me da igual que se meta conmigo por usar siempre esta cita).

Recorre con la yema de los dedos los lomos de los libros, apilados sin sentido. Al final no he llegado. Quería tener las paredes del salón cubiertas desde el suelo hasta el techo, pero se ha quedado más o menos a la altura de mi barbilla y sólo de una de ellas. Nadie se esfuerza en mentir.

En un rincón, una caja llena de fotos y artículos extraños, como de tienda de chinos, cada uno con su significado, cada uno con un trozo de su vida. En algunos, estamos también nosotros tres. Y esta muñequera, de cuándo cojones es? Yo lo sé, pero niego con la cabeza porque no creo que fuera capaz de contar la historia. Los otros se encogen de hombros. Pues la tiro. Me avergüenzo de mi cobardía, pero tampoco vale el coraje necesario. Sólo es un retal de un amor de verano, breve, intenso y pronto sustituido.

Se hace tarde. Alguien bosteza. Miro las sombras bajo sus ojos. Has dormido? Hace un gesto con la mano. Así, así. O sea, lo normal en él. No hemos conseguido que deje de fumar. Amos, no jodas, a estas alturas. Los ceniceros de toda la casa están llenos de colillas. Yo soy el único que las vacía. Te dejamos descansar, tío, que llevas todo el día liado. Sonríe. Joder, vaya caretos. Que nos queda un mes, por lo menos. Y encima es Navidad y hay vacaciones.

Nos despedimos entre abrazos. Siento que cada uno es un trozo de alma que se muere. Espero que otro nazca cuando ya no esté.

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