SIN GUANTES

Posted on December 11, 2012

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Carmen camina Castellana arriba y Castellana abajo, comprobando parabrisas. Ahora que es media tarde, casi no siente el frío, pese a que a su alrededor, los viandantes andan como encogidos.

Uno de ellos se le acerca y le pregunta cómo va sin guantes. Ella sonríe y agradece la conversación. Son muchas horas a solas, aguantando el mal humor y las tensiones de los demás. Como si a ella le gustara poner multas. Pero se saltó demasiadas clases, se despistó y mira para lo que hemos quedado, dice con un leve rastro de pena en la mirada, como con arrepentimiento. Debería nacer uno con treinta años, suspira.

Todavía conserva algo de la belleza que un día tuvo y que hoy es más algo que se intuye, que se imagina. Realidad que dejó paso a la ficción.

Se mira las manos, que sostienen la maquinita odiada por madrileños y visitantes. Ya no siento el frío. Con los ojos en el cielo, agradece que, por lo menos, no llueva.

Después sigue su camino, sin prisa, sin destino. Sólo caminar. Sólo pasar frío. Sin guantes.

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