NAVIDADES MONOPARENTALES: UN HIJO URRACA

Posted on December 28, 2012

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PD: dedicado a todos los que me habéis dicho que os reís con mis monoparentalismos. La audiencia es reducida, pero fiel y valiosa.

En esta época del año, una de las tareas ineludibles de cualquier padre (o madre) que se lo curre un poco, es hacer limpia de juguetes. La razón también puede proceder de una limitación en la capacidad de almacenamiento (como en los ordenadores chungos). Pero el caso es que, quieras o no, a eso de final de año te ves sacando todos los armarios y decidiendo qué se queda, qué va a la basura y qué tiene otro destino (espera un poco, ahora lo explico).

Y te das cuenta de que tu hijo es lo que se denomina una urraca. Que ya lo dijo la ginecóloga. Doctora, es niño o niña? Es urraca.

Un niño urraca es un ser humano de dimensiones ligeramente más reducidas (el mío no mucho, porque es de yantar generoso) y con una extraña fijación por todo lo que brille. Vamos, que tó lo quiere y ná tira.

Y tú ahí, dale que te pego a sacar mierdas sin valor (a tu juicio). El cromo de (ponga aquí el nombre de su futbolista favorito) cuando jugaba en los juveniles no lo quieres verdad? Sí, sí, que es que (ponga aquí la excusa más peregrina que se le ocurra).

A duras penas, consigues deshacerte de unos cuantos que piden a gritos pasar a mejor vida. Aun así, guarda cosas como una baraja a la que le faltan siete cartas; todo tipo de sombreros, espadas, y archiperres en general de los clics de famóbil (aunque sólo tenga dos muñecos); un libro descuartizado, un dinosaurio a pilas que no funciona…

Luego está lo que se va al trastero. Normalmente, los juguetes que más ocupan, pero no sólo esos. La isla de los gormiti (habrá jugado con ella dos veces máximo); las curvas locas de rayo mcqueen (segunda vez que bajan, el año pasado lo hice a sus espaldas y me pilló un día. Qué hacen aquí las curvas locas? Y yo, con cara de circunstancias); diecisiete o dieciocho balones y/o pelotas (de dónde c*** salen? Se reproducen en los armarios?); el barco pirata de los clics de famóbil (ya he dicho que quedan dos muñecos. Algunos juguetes se multiplican y otros desaparecen. Bienvenidos a la nave del misterio); un blandiblub seco (ahora se llama de otra forma, pero el concepto es el mismo. Aunque esté seco, sirve porque es de fanboy y chum-chum. Y que se te ocurra discutir); seiscientos doce regalos del happy meal (siempre me sorprende que no se les acaben las pilas jamás)…

Y, por último, lo que va destinado a terceros. Por ejemplo, un ordenador de esos con los que te dicen que te va a salir un niño superlisto (a la vista está que mienten), para su amiga Alba (recién nacida, ya me dirás tú); un balón para su prima (su tía está embarazada de cinco meses, yo creo que lo va a usar poco); una colección de cuentos para su otra prima (a la que a mi juicio se le ha pasado la edad, pero bueno)…

Y luego, fuera de concurso, está lo que se lleva a casa de su madre. Que ahí tienes un sentimiento agridulce, no lo vamos a negar. Porque, por un lado, te jode que se lleve el sable láser de anakin skywalker con luz y sonido real, que te costó un pastizal (y te mola jugar con él, reconócelo!). Pero, por otro, da gusto empaquetarle la colección de revistas clan, todas mugrientas (es mucha la exposición al ketchup que han tenido y eso es peor que el uranio enriquecido) y arrugadas, e imaginarte el careto de ella al verlas. Luego se venga enviándote tres mil quinientos legos de la guerra de las galaxias bajo el lema es que dice mamá que ella no sabe montarlos pero a ti se te da genial (el precio que pagas por hacer durar un poco más la fase de mi padre es superman).

El caso es que, al final del día, sigues teniendo las mismas mierdas, pero mejor distribuidas. Y, por el camino, te has librado de volver a escuchar al maldito muñeco ese decir soy geox, el señor de la tierra. Que si pillo al diseñador del juguetito, iba a saber dónde alojar su creación.

En fin, padres y madres de niños y niñas urracas del mundo: uníos. Exijamos juguetes que se autodestruyan al cabo de un año; colecciones de cromos de la liga que se desintegren al comenzar la siguiente; cuentos que desaparezcan en el cuarto cumpleaños. No más urraquismos, por dios.