CUENTO DE NAVIDAD: LA NIÑA QUE SOÑABA SUEÑOS

Posted on December 30, 2012

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PD: Esta era una deuda que tenía con la Fundación Cuentasueños. Si no has visitado su web (http://www.dreamtellers.org), no vas a entender nada. No del cuento, de la vida.

Erase una vez una niña muy pequeña, que se llamaba Sonia. Era tan pequeña, que sus largos rizos de cobre le llegaban casi hasta los talones; que cuando iba por la calle, sus enormes ojos azules casi no podían ver nada que no fuesen los traseros de las personas mayores y las matrículas de los coches.

Sonia soñaba. Soñaba sueños, como decía ella. Soñaba cosas bonitas. Por ejemplo, si durante el día había oído hablar de Etiopía, de las enfermedades y la falta de agua potable allí, soñaba que encontraba la manera de curar a todas esas personas y darles de beber. O, si veía una noticia sobre Kisangani en el Congo, y las situaciones horribles que viven allí niños como ella, soñaba que construía un hogar para bebés.

Sonia era feliz cuando soñaba. En ese mundo, todos los problemas se solucionaban y la vida era más bonita.

El problema era despertar.

Cuando Sonia despertaba, se daba cuenta de que el mundo seguía igual, que las personas seguían muriendo de hambre y de enfermedades provocadas por la falta de infraestructuras (aunque ella no lo llamaba así, claro. Ella decía grifos y cañerías).

Por eso, Sonia estaba siempre triste. Se levantaba llorando cada mañana, por la pena de ver que nada de lo que soñaba se hacía realidad.

Sus padres intentaban que no viese las noticias, que no le hablase nadie de problemas en ningún sitio, para que no sufriera. Pero era imposible; al final, siempre escuchaba un comentario, leía una frase…

Una nochebuena, estaba durmiendo y soñando con niñas de China, cuando le pareció sentir un ruido en su habitación. Sería Papá Noel, que se había acercado a ver si estaba dormida? Cerró fuerte los ojos, para no ser descubierta. Pero, incluso con los párpados bien apretados, pudo notar un brillo extraño, como si la estuviesen apuntando con un foco de esos que a veces encendían en la clase de teatro.

Guiñando y parpadeando, con la mano derecha haciendo de visera, fue abriendo poco a poco los ojos. Toda la habitación estaba llena de una luz como azulada, como la de los faros de esos coches que papá siempre decía que eran muy caros. Delante de ella había dos figuras: un hombre y una mujer.

A Sonia se le abrió la boca como a Pérez, su pez naranja que giraba como un reloj en la pecera. Me he muerto? Sois ángeles?, preguntó con temor, pero también con tranquilidad, porque aquellas presencias la transmitían. Ellos se echaron a reír a la vez. No, Sonia, no somos ángeles; somos Hacesueños y tú eres nuestra Cuentasueños.

Cómoooooo? A Sonia casi se le escapa un grito. Que sois qué? Que yo soy qué? Ellos chistaron, para que no despertara a sus padres, y le dijeron: cierra los ojos y agarra nuestras manos.

Cuando lo hizo, sintió un breve traqueteo, como cuando se ponía en marcha el ascensor de casa de la abuela, que era casi tan viejo como ella y le crujían igual los huesos. Ya puedes abrir los ojos.

Al hacerlo, le dio un vuelco el corazón. Estaba en África, en Etiopía, y había grifos y cañerías. Sintió que una lágrima rodaba por su mejilla. Todo era igual que lo había soñado. Los Hacesueños la miraron y sonrieron. Luego, volvieron a tomarla de la mano, y apareció en Kisangani. Y vio su hogar para niños, exactamente igual que el de sus sueños.

Esa noche, también viajó a China, a Uganda -donde unos chicos de cantaron Stand by me con unas voces que hicieron que llorara-… Visitó todos los lugares con los que había soñado y, en todos ellos, sus sueños se habían hecho realidad.

Cuando empezaba a amanecer, regresaron a su habitación. Entonces, no tengo que estar triste? Mis sueños se hacen realidad? Ellos la miraron con unos ojos llenos de dulzura y le dijeron: Sonia, eres nuestra Cuentasueños; siempre que tengas un sueño, lo haremos realidad; siempre que haya alguien dispuesto a soñar, a soñar de verdad, de corazón, habrá un Hacesueños para realizarlo. Pero, sin Cuentasueños, nosotros no somos nadie. Sigue soñando, Sonia, por favor; no dejes nunca de hacerlo.

Ella asintió y su pelo, más revoltijado que nunca, se agitó en el aire. Pero, cuando me despierte, cómo sabré que esto no ha sido también un sueño? Los Hacesueños no respondieron. Sólo una sonrisa les llenó la cara. Después, se desvanecieron poco a poco.

Por la mañana, Sonia estaba pensativa. Qué te pasa, hija?, le preguntó mamá. Ella murmuró algo incomprensible. Sus padres se miraron. Por un lado, contentos de ver que no llorara. Por otro, extrañados al ver su actitud.

Sonia abrió los regalos de Navidad con ilusión, pero continuaba como despistada. Cuando terminó, vio un bulto extraño. Qué es eso que hay caído detrás del árbol?, preguntó. Sus padres se encogieron de hombros. Ninguno de los dos sabía qué era. Ella lo cogió. Su nombre estaba escrito en el envoltorio. Lo abrió despacio. Era una funda para su almohada. Bordadas, en el mismo color que sus ojos, dos palabras: sigue soñando.