EN EL BLANCO QUE NOS CUBRE EN ENERO

Posted on January 9, 2013

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En el blanco que nos cubre en enero, miro la dulce curvatura de tu nuca, de tu cuello largo, medio escondido entre cortina y cortina, como en un villancico, y se me llenan los ojos de la arena de la playa tatuada de piel y olor a vainilla.

En silencio, a ratos, te vuelvo a ver como aquella primera vez, que apenas es un rastro semiborrado por el viento en el polvo del camino, con la misma sorpresa, con la misma estupefacción.

Te miro y te estudio y te espío, pero sin esconderme, porque no hace falta, porque el blanco de enero nos cubre, como una sábana mágica, debajo de la cual todo es posible. Y encendemos nuestras linternas de niños pequeños y acariciamos despacio la tela, para sentir mejor su textura.

Ajenos a un mundo que sigue su camino sin casi rozarnos, soñamos que llega el verano y nos bebemos el sol a bocanadas, como los peces en el río, que no beben, respiran.

Pareces, de cuando en vez, detener el tiempo y escondes mi blackberry en tu sonrisa y ya no soy capaz de encontrarla porque, además, tampoco quiero hacerlo.

Y, con el mundo parado, el universo entero congelado en una fotografía desmemoriada, siento que me invade una extraña sensación de paz y me dan ganas de envolverte para regalo en el blanco que nos cubre en enero.

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