RELATOS DE INVIERNO: LA BONOLOTO

Posted on January 10, 2013

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Wamba Maraña dobla cuidadosa por la mitad su boleto de la bonoloto y lo coloca en ese rincón de su bolso en el que guarda sus cosas: algún billete escamoteado a la economía familiar a base de ahorrar y no contarlo, una servilleta de aquel día que fueron a tomar el vermú y él estaba tan guapo y los niños decidieron ser normales por una vez en la vida, una medallita que le dio su abuela cuando era pequeña y alguna tontería más.

Cierra la cremallera y disfruta de ese rato que, en realidad, es el mismo cada semana. Despacio, se va gastando el dinero que le va a tocar. Lo primero, pagar la hipoteca. Y seguro que él se quiere comprar un coche nuevo. A ver si así deja de llenarme la casa de revistas de motor. Luego, comprar un piso para cada uno de los niños, para que no tengan que preocuparse de nada. Y, para ella, un armario de esos con luz dentro, que es lo único que ha querido desde que era una niña.

Tres millones, piensa. Cuánto me darían en el banco por ese dinero? Un uno por ciento anual son treinta mil euros. Qué barbaridad, Y si coges un depósito de esos al seis por ciento? Madre mía. Ciento ochenta mil. Da para comprarse un piso cada año y medio, por lo menos.

Sigue con sus cálculos y sus compras. Y se imagina entrando en esas tiendas de la calle serrano que siempre ha mirado con envidia y un punto de temor. Seguro que me notarían que soy nueva rica, pero en cuanto sacara un fajo de billetes, se iban a callar la boca, pero bien.

Llega a casa y se le va de la cabeza. Demasiada mierda, demasiadas broncas, demasiada realidad para andar con fantasías millonarias.

Antes de meterse en la cama, a hurtadillas, mira el teletexto, con el papelito entre las manos, con la ilusión y la esperanza de cada semana.

ELIGE TU PROPIO FINAL

OPCION #1(el mío)

Wamba repasa los números otra vez, incrédula. Son los suyos. Los tiene todos! Su sueño se ha hecho realidad. Acaba de ganar los tres millones!!

Un momento… Se frota los ojos. Pero no puede evitarlo. Llora, llora sin consuelo, de rabia y de pena de su vida perra, de no poder tener nunca una alegría, de que tenga esa mala suerte siempre.

Cada semana coge el mismo impreso y rellena los mismos números. Pero, hoy, por no fijarse, por ir con prisa, se ha equivocado y el resguardo que tiene en las manos es del euromillón, que sólo juega una vez al mes. He acertado los números y me he equivocado de sorteo. Se ríe y vuelve a llorar.

Cariño, vienes a la cama? Wamba se sorbe los mocos y se limpia los ojos con la manga del pijama. Ya voy.

OPCION #2 (el de los que juegan)

Wamba comprueba los números. No necesita sacar el resguardo. Lleva años jugando a los mismos. Los cumpleaños de todos: de él, de los niños, de su madre y el propio. No le ha tocado, para variar. Se encoge de hombros. Otra vez será.

A la semana siguiente, rellena otra vez su boleto de bonoloto. Al ir a guardarlo en el rincón de su bolso, ve el del sorteo anterior. Lo saca para reemplazarlo por el nuevo. Por esa extraña superstición que le sale de dentro de cuando en vez, vuelve a mirarlo antes de tirarlo.

Y esto? Anda, si la semana pasada me equivoqué y en vez de una bonoloto, hice un euromillón. Qué despiste, por dios, si es la que viene cuando lo hago…

Mira a la pared, en busca del resultado del sorteo. Siente que le tiemblan las piernas. Guarda el papel en su rincón del bolsillo y llega a casa como sonámbula. Su marido se la encuentra sentada en el sofá, el abrigo puesto, el bolso aferrado con ambas manos.

Cariño, te encuentras bien? Ella sonríe. Qué coche es ese que te gusta tanto?