TRIBULACIONES MONOPARENTALES: DE UÑAS

Posted on January 12, 2013

0


Dios Todopoderoso, Señor del Cielo y la Tierra, en su infinita sabiduría decidió crear al Hombre a su imagen y semejanza. Y luego, sólo por incordiar, creó a los hijos. Y miró Dios a los hijos y pensó: no son aún suficiente tormento para sus padres; dotémoslos de uñas de los pies. Y vio Dios que eran buenas.

Que Dios no es lo que se puede decir un modelo de padre, queda claro al ver su trayectoria y las penurias y calamidades que hizo pasar a su propio hijo. Eso sin hablar de cuando un tipo le pregunta: qué puedo hacer para ser santo? Y le responde: mata a tu hijo. No sé, yo como que no acabo de verlo.

Lo que pasa es que le perdonamos estas idas de olla, porque no deja de ser un monoparental con un hijo al que sólo le gusta andar por ahí de farra con doce amigotes. Claro, que él no tiene la culpa. Fue su madre (la culpa siempre es de ellas, que los malcrían), la que le hizo convertir el agua en vino. Que ya me dirás tú qué carta de presentación es esa para un mesías. Y no quiero ni pensar en qué tipo de gente es capaz de beberse todo el vino de una boda! Si eso es inviable… Claro, así luego le seguía tanta gente; seguro que eran todos los borrachuzos de Galilea, a la espera de una curda por la patilla.

El caso es que a Dios no se le ocurrió otra cosa que poner a los niños unos remates en los finales de las extremidades. Así, rollo tachuelas ochenteras.

Y, para acabar de bordarlo, algún imbécil no tuvo nada mejor que hacer (probablemente un sábado por la noche, porque seguro que carecía de amigos) que inventar unas tijeras… curvas!!! WTF?!!

A ver, para un hombre ya es sumamente difícil manejar unas tijeras normales, rectas, salvo para usos inadecuados tales como pelar cables o reventar una lata de mejillones a la que se le rompe la anillita esa (o sea, siempre. Otro lumbreras el que inventó el sistema. Y encima, para que se los acabe comiendo el gilipollas de tu cuñado, que no da opción a los demás). Y, con esos antecedentes, se os ocurre ponernos en las manos unas tijeras torcidas? Son para que no puedas cortarte. Pues no funcionan, que lo sepáis.

Así que, cuando recoges al niño el viernes por la tarde y te suelta esa frase atroz: que dice mamá que me cortes las uñas de los pies (hala, por toda la cara), te echas a temblar.

Lógicamente, esa misma noche no te pones al lío, porque hay que mentalizarse. Pero el sábado por la mañana, al comprobar que las zapatillas de tenis no le entran, decides que es mejor cualquier pelea que una visita a la tienda Puma en plena cuesta de enero.

Y ahí estás. El niño recién salido de la ducha. Tú delante, tijeras en mano. Que esa escena, Sergio Leone la hubiera clavado. Las dos miradas, frías como el hielo…

El primer objetivo es que te deje cogerle el pie. Que te suelta de todo: que si te quiero mucho; que si hoy no, mañana (maldito Mota); que si te dejo que me las cortes si me abrazas a la vez… Todo lo que se te ocurra.

Tú recurres a esa frase que es el mantra de todo monoparental: quieres por las buenas o por las malas? Que lo dices acojonaíto, porque si te contesta que por las malas, a ver qué haces. Pero lo bueno es que vienen con esa respuesta programada y siempre prefieren por las buenas.

Tú te dices que lo peor ya ha pasado. Pero es una quimera. Estáis en el baño. Él, sentado en el inodoro (chiste de nombre, no me digas que no). Tú, en el bidé (otro elemento sobrante del hogar, como las suegras y los termostatos, pero de esto ya hablaremos). Su pie sobre tu muslo. Allá voy…

Cómo cojones se agarran esas tijeras??? Me lo puede explicar alguien? Tú piensas: con la punta p’afuera, para no clavárselas. Y necesitas ochocientos veintisiete cortes sólo para la uña del meñique. Ah, no, con la punta p’adentro, para que haga la forma de la curva. Y sólo consigues clavárselas en el dedo de al lado, las pongas como las pongas.

Aquí siempre sale el listo que dice: yo uso un cortauñas, que es lo más cómodo. Pues como no sea el del cocinero de la teletienda ese, que tiene unos cuchillos que cortan tornillos (hay que ser cenutrio para cortar un tornillo con un cuchillo), me parece que las de mi hijo no las cortas. Lo de la radial de Dos tontos muy tontos, una mierda al lado de esto.

Al final, haces un curro-romero, que es cerrar los ojos y que sea lo que dios quiera. En esos momentos, te das cuenta de que Darwin tampoco era tan listo y que la única diferencia entre los pies prensiles del macaco de Borneo y los de tu hijo, es que los de tu vástago tienen cuchillas afiladas en la punta.

En serio, temes por tu vida. Una uña de esas te pilla en un movimiento extraño y te secciona la femoral. Y tú: la corná tiene dos trayectorias, una p’acá y otra p’allá.

Sin saber muy bien cómo, consigues cortárselas. Se las dejas con más puntas que las estrellas de un capitán general, pero confías en el proceso natural de la erosión. Y, además, qué coño, con que le entren las zapatillas…

Ya sólo queda un detalle sin importancia, que es llamar a un amigo que trabaje en la obra y venga con una excavadora a recoger los restos. Y adivinar si van en el cubo de orgánicos o el de las latas, porque cortan más que la de los mejillones antes citada.

Luego, agotado, te dejas caer en el sofá. Y, en ese momento -que te dan ganas de tomarte un nescafé por la labor bien hecha-, te acuerdas de su madre (hay quien le pone un adjetivo antes, yo me lo voy a ahorrar), y de ese Dios que, no satisfecho con no hacer que te toque el Euromillón, le puso uñas a los niños…