RELATOS DE INVIERNO: LA MESILLA

Posted on January 24, 2013

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PD: este relato es un regalo para una persona que me ha pedido algo bonito y divertido. Como debería ser siempre la vida…

Tumbado en la cama, las sábanas todavía calientes y aromatizadas por el dulce perfume de ella, tan primaveral como esas gigantes rojas que eclipsaban sus mejillas de cuando en vez, se dio cuenta de lo hermosa que era y se prometió a sí mismo no dejar nunca de verla así, no acostumbrarse jamás a esa belleza, a ese aroma, a esa sorpresa como de primera vez.

La vio moverse por la habitación, bajo esa luz lunar que barnizaba todo con una pátina de misterio, que resaltaba ángulos y curvas y perseguía su caminar serpenteante, como un foco de teatro de aficionados, un poco débil, un poco despistado.

Sus movimientos guardaban un regusto a longboard, a surf, a snow, en versión urbanita, como enclaustrada en la celda de la vida moderna, de la gran ciudad, de las habitaciones pequeñas.

Le pareció ver el brillo de una estrella junto a su tobillo. Qué tontería, debe de ser un reflejo, se autoconvenció, a pesar de saber, en el fondo de su corazón, que no era cierto.

Miró sus manos largas y hábiles, tan fuertes cuando era necesario, tan delicadas al acercarse a su piel, ahora con la persiana de sus uñas medio subida. Las sintió en sus mejillas, en su cuello, en el pómulo y la sien. Pensó que la felicidad, la de verdad, la que dura sólo un instante porque es un sentimiento tan intenso que no puede alargarse más allá de un parpadeo, de un suspiro, debía de parecerse mucho a lo que palpitaba en su pecho en ese momento.

Sintieron el cambio de luz. El rollup de los créditos agonizaba. El logo de disney llenaba la pantalla. La sala estaba vacía ya, a excepción de una pareja que robaba un minuto más de intimidad, bien tan escaso en algunas etapas de la vida.

Tenemos que hacer algo con esa mesilla, no puedes terminar cada sesión arreándole cabezazos. Soy un dibujo animado, no me va a pasar nada por darme un par de golpes. Ya sé que tú estás bien, pero me han dicho los de producción que si la rompes, te la descuentan del sueldo. Están de coña? Con lo que nos pagan no tenemos ni para comer. Sabes lo que debo ya en Acme? Si no les pago pronto, dejan de servirnos. Tienes que hacer algo, no podemos seguir así. No puedes conseguir que nos pasen a películas infantiles? Estás de broma? Llevamos dos años haciendo porno! Cómo quieres que nos saquen ahora delante de los niños? Podrían hacernos un restyling…, yo estoy dispuesta. Él rezongó. No quiero que me pinten con colores chillones. Y, además, qué pasaría con mi…? Dejó la frase en el aire y miró hacia su entrepierna. Ella suspiró. Y sabes que somos la única división de la compañía que da beneficios. No nos van a soltar para perder dinero en otra.

Se quedó contemplando, una vez más, esos gigantescos ojos azules, velados ahora por la pena, la frustración o quién sabía por qué. La abrazó y la besó detrás de la oreja, en ese sitio tan especial que hacía que le temblasen los contornos y que girase el cuello para acercar sus labios a los de él. Miró su sonrisa y se juró a sí mismo que no permitiría que nada la borrase nunca. Se tumbaron para hacer el amor de verdad, para ellos solos, sin público, sin dibujantes, sin nadie. Sintió las uñas coloreando otra vez su espalda y dio un respingo. La sangre volvió a brotar de su sien, mezclada con estrellas doradas que giraban frente a sus ojos. Tenemos que hacer algo con esa mesilla…