INVISIBLES

Posted on January 31, 2013

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Pasan por nuestra vida, invisibles, inalcanzables a nuestros sentidos, nuestros pensamientos. Los miramos, pero no los vemos. Intercambiamos información, pero no hablamos con ellos.

Nos los encontramos en sitios raros, en trincheras tras la que se esconden unas piernas y un corazoncito: cajas registradoras, uniformes, ventanillas o mugre pueden ser su parapeto.

Nos acercamos y casi les ordenamos que estén a nuestro servicio. Los insultamos porque nos ponen una multa, aunque seamos nosotros quienes cometemos la infracción. Les decimos que no llevamos nada suelto, que ya somos socios de aldeas infantiles (aunque sea mentira) o que nos den dos entradas para la sala cuatro.

A veces, no los vemos porque están al teléfono y los llamamos inútiles así porque sí, sin pararnos a pensar en que son sus jefes quienes los lanzan al ruedo sin estar preparados, porque es más rentable (eficiente, lo camuflarán); o nos damos una vuelta por la avenida de la xenofobia, sin tener en cuenta la historia, el drama personal, que hay detrás de cada inmigrante.

En los peores casos, se sientan a nuestro lado en la oficina, en la universidad, en el colegio, pero no sabemos ni cómo se llaman. O coincidimos en un ascensor y sacamos el smartphone, para disimular, incapaces de comprender que nada puede igualar a la conversación con un ser humano, a una sonrisa.

Son invisibles. Y menos mal que lo son. Quién podría soportar tener que bajar la ventanilla en cada semáforo y preguntarle por su vida al rumano de turno, armado con ese limpiacristales que nos aterra más que un kalashnikov; o caminar un rato junto al controlador de la ORA y enterarte de si es feliz o le duelen los dedos de andar por ahí sin guantes.

Lo primero que preguntaba Patch Adams (si no la has visto, la has de ver; si la has visto, la has de ver otra vez) era el nombre del paciente. A cuántos de ellos se lo has preguntado alguna vez?

Y no te engañes. En ocasiones, el invisible eres tú mismo y estoy seguro de que no te gusta esa sensación.

Hoy, abre los ojos. Mira a tu alrededor. Y, cuando VEAS a un invisible, aprovecha ese regalo.

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