ATAQUE DE PACHISMO: SPA

Posted on February 2, 2013

0


Hoy he tenido un ataque de pachismo. O sea,  de ser yo mismo. Es cosa chunga, claro. El caso es que estaba en casa y he mirado el día y me he dicho que con ese buen tiempo, había que salir en la bici. Así que, ahí me tienes. El tonto del pueblo con la bici.

Paseo genial; el encinar, espectacular; las vistas, la reoca… Como un anuncio de tena lady. O de dixan, vista la capa de barro acumulada en toda la ropa.

El caso es que un hombre como yo, nunca es lo suficientemente mongolo (que no se ofenda nadie, es un apelativo cariñoso que me dedica de cuando en vez alguien). Cómo me iba a conformar con una hora de bici por el campo y el cuerpo cubierto de fango? No, de eso nada. Vamos a por todas, una horita de gimasio. Tócate los…

Eso sí, tanto sufrimiento tiene su compensación. Son como las cuatro de la tarde. Un hambre que te mueres, porque lo único que has comido hasta ahora son unos cereales repugnantes a las diez de la mañana (te aseguro que le dan eso a los monos del zoo y se lo tiran al jeto al cuidador). Pero te dices a ti mismo me he ganado un ratito en el spa.

Y lo dices así, como si fuera un regalo. Claro, como no vas nunca, se te olvida por qué no lo haces. Te plantas el bañador y ese gorro que te pone cara de supositorio, y al agua!

Lo primero que haces es meterte en una piscina grande con unas hamacas sumergidas. El concepto está bien, pero no tiene nada que ver con cuando lo haces en el caribe. Para empezar, te falta el mojito, claro. Pero eso es otro tema. El caso es que te intentas tumbar, pero están diseñadas con el culo. A ver, tienen una especie de reposacabezas. Pero si apoyas la nuca, se te llenan los oídos de agua y, si apoyas el cuello, haces más abdominales que en body pump (un invento asesino del que ya os hablaré en otra ocasión).

Total, que no te relajas. Te acercas a esos chorros que parecen pensados para el cuello, pero en realidad son para dar por saco al pobre que está enfrente, en los chorros para las piernas. Por cierto, estos últimos, para quién coño están puestos? A mí me apuntan a los tobillos, las rodillas y el culo. Pensé que se trataba de acertar con las pantorrillas, los muslos y… bueno, tal vez ese sí esté bien puesto. Pero cómo te pones en esos? Porque de espaldas, te da en el culo, pero de frente…. No sé, raro, no?

Antes de cambiar de alberca, te asalta una de muchas preguntas que te harás. Por qué a las parejas les entran esos ataques de pasión en estos sitios? Lo digo, porque hay dos que más que relajarse… en fin, os hacéis una idea.

Luego me meto en el jacuzzi. Que, francamente, no le veo mucho la gracia. Soy un tío, me he bañado con pompas de aire millones de veces. Y, otra vez, no sabes cómo ponerte. O sea, te sientas o te tumbas? Parece pensado para sentarse, pero la peña se tumba. Tampoco me hago con ello.

Como mi ataque de pachismo es grave, miro a esas especies de otras actividades acuáticas que te brinda la oferta del local. En fin. La primera es una charca que no parece hacer nada. Te metes todo confiado y te cagas en todo lo cagable. No es que esté fría, es que ahí un esquimal se metía con neopreno. A ver, quién es el imbécil que se ha inventado esto? Ya sabemos todos el efecto que tiene el frío en lo que viene siendo la zona genital masculina… Sólo puedo comprender que se le ocurriera a un travesti sin dinero para pagarse una operación.

Sigues por la especie de recorrido preparado por la mente criminal más enferma. La siguiente estación es terrorífica, en serio. Un cubo de madera sobre tu cabeza y una cadena colgando. A ver, cuando has estudiado en un colegio en el que había letrinas en el patio, te aseguro que no quieres tirar de ninguna cadena con un cubo por encima de tu cabeza. Pero tus neuronas se han congelado en la piscinita de la vaginoplastia express, así que cierras los ojos y tiras.

WTF!!!!!??? Más agua helada??? Pero qué panda de motherfuckers!!! Sales corriendo (pá ná, porque el remojón ya te lo has llevado), en busca de una ducha caliente. En la siguiente no te la juegas. Abres el grifo y metes un poquito la mano hasta que te aseguras. Templadita, qué rica. Te metes tiritando y te relajas durante un par de segundos. Porque ese es el tiempo que tarda en provocarte quemaduras de segundo grado. Pero por qué no mezclan esta con la del cubito de antes? Huyes, en balde, otra vez.

La siguiente es un invento digno del marqués de Sade. A ver. Una especie de ducha con nueve chorros. Tres a un lado, tres al frente, tres al otro lado… tres a los tobillos, tres digamos que a la zona del centro del campo y tres al pecho. Pero espera. Que nunca se ponen de acuerdo. Son como un cocinero profesional: a la vez te congela los muslos, te cuece los huevos y te asa el pecho. Y van cambiando??? En serio? El ser humano es capaz de diseñar semejante artilugio y seguimos empujando el carro de la compra? Fuck you, man.

Ahora sí. Ahora una ducha como dios manda. Calentica, pero sin quemar. Y arriba, lucecitas que cambian de color. Tú relajado. Esto debe de ser cromoterapia de esa. Y una mierda. Así escaldaba mi abuela los tomates. Primero agua hirviendo y luego helada. De verdad, el que se inventa estas cosas debería hacérselo mirar.

Queda por ahí una cosa para caminar por encima de las piedras. Pero vamos, que en verano en Arenas lo hemos hecho millones de veces, no vas a perder el tiempo en esa chorrada.

Lo que falta tiene incluso peor pinta. Unas habitacioncicas de madera. Son saunas. Hay dos, se ve que con una no es bastante. Espera. La primera está a setenta grados!!! What??? Y la segunda? A noventaaaaa???? Pero si a esa temperatura te hierven los fluidos… Tal vez lo hayas visto mal, porque a estas alturas se te nubla la vista.

Pero bueno, metidos en harina, te vas a la heavy, por supuesto. Hay como tres escaloncitos. Uno para los caguetas, otro para los que ni fu ni fa y el de los madrileños. Ahí que te vas. Te ponen una almohada –de madera, te cagas- para que te sientas cómodo. Como si fuera posible rodeado por fuego. Aquí el peligro está en perder el conocimiento. Porque está todo con luces suaves. Vamos, que no se ve una mierda. Te digo yo que te desvaneces ahí y te  quedas como aquella dorada a la sal que hizo una vez la mamma y que se quedó reducida a una sardina. No se entera ni blas.

Pero bueno, estás a tu rollo, relajando la mente o entrando en coma, no lo sabes bien, pero funciona. Y entra una chica. Y va y suelta, joder qué calor hace aquí. Y, claro, no te puedes callar. Qué esperabas, que hiciera frío? Se ríe, menos mal. Pero se pone a rajar. A rajar como si hubieran puesto la radio. Dale que te pego que si ha estado corriendo dos horas, que si la semana pasada media maratón, que si esto que si lo otro. Hay un momento en que piensas en felicitarla por mantener semejantes dimensiones en la zona glútea, con tanto ejercicio. Pero te callas, porque en tu estado físico, si te arrea, ves la luz al final del túnel, seguro. Te piras. Me voy al baño turco, que se aguanta mejor. A la tía le da igual, sigue ladrando hasta que cierras la puerta.

El baño turco es como si coges la sauna y la plantas un cuatro de agosto, a las cuatro de la tarde, en el malecón de La Habana. Tanto calor y tanta humedad te dan ganas de arrancarte con un reggeton (alguien sabe cómo se escribe???).  A los dos segundos, estás empapado. Y te asalta una nueva pregunta. Esto es sudor o humedad? Y, si es sudor, de quién? Miras alrededor y piensas que no estás preparado para compartir el sudor de dos desconocidos con bigote.

Y, por fin, llega el mejor momento del spa: pirarte. Menuda mierda de invento. Anda y que se lo queden. Pero ya verás cómo dentro de un tiempo se me olvida y la vuelvo a cagar…