RELATOS DE INVIERNO: VOCACION

Posted on February 6, 2013

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Ardabasto Maraña, Ardi para los amigos, recoge despacio sus cosas, mientras los pequeños altavoces -regalo de su ahijada- recitan aquello de until the day is done, tal vez un poco más alto de lo que sería recomendable. Pero, a estas alturas, ya nada importa demasiado. ⁠The battle’s been lost, the war is not won.

Mientras guarda en una caja papeles, grapadoras y todo tipo de sinsentidos, incapaz de discernir qué debe conservar y qué no, recuerda las palabras de su abuela, yo siempre quise que tuvieras vocación, como eras el pequeño… Joder, como que hubiera aguantado esto sin tenerla.

Otea el skyline de la redacción, desierta ya, tan parecida a las fotos de Beirut o de Sarajevo que ayer mismo contemplaron sus propios ojos. En su cabeza, los tiempos en los que los ordenadores echaban humo. Bueno, tal vez sea mucho decir, porque eran lentos como demonios. Recuerda a Mariano, aferrado a su olivetti. Yo no voy a usar esas mierdas nunca. Se lo podía permitir, porque nadie sabía más de toros que él. Puto cossío con patas, susurra. Y sonríe al recordar el gesto de su compañero, abrazado a aquella máquina, grande como un microondas.

No hay música como aquella legión de teclas repiqueteando, se dice. Los ordenadores no suenan igual, eso hay que reconocerlo.

Las mesas se habían ido vaciando, como las ramas de un almendro en otoño, casi sin darse uno cuenta. Y, de reprente, un día te encuentras ahí, rodeado de tus sueños, tus recuerdos, tus pasiones, tus ratos buenos y tus ratos malos… En medio de tu puta vida porque entre la otra y esta, elegiste esta.

En las paredes, los cercos del camposanto de primeras, abandonado también. Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. Junto a ellas, en la papelera, la satisfacción de cada uno de esos días a la hora del cierre, la llamada para comprobar que la tirada estaba en orden, los despertares ansiosos por ver con qué abrían los demás.

Esto es una vocación y lo demás son chorradas, grita. Si no la has vivido, si no te has peleado por lograr que tu noticia salga y luego que salga en primera, no sabes lo que es. Si no has llamado para que retrasen el cierre porque la tienes, no puedes comprenderlo. Si no has puesto a parir a un fotógrafo por llegar tarde y perderse el momento, ese instante único y mágico, esto te suena a chino.

Ardabasto Maraña, Ardi para los amigos, echa una última mirada antes de cerrar la puerta y recuerda las palabras de Paco, su maestro en Ya: cada vez que se cierra un periódico, se apaga una estrella en el firmamento de la libertad.