RELATOS DE INVIERNO: COMETAS

Posted on February 7, 2013

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A veces, cuando sopla poniente, noto ese tirón en las caderas que me hace apretar los abdominales y mirar hacia arriba. Veo tu cometa, tan cerca de la mía que se diría que son una, mientras navegamos en paralelo, tú siempre un poco por delante; yo, como vigilando que no te ocurra nada raro.

Si veo acercarse una ola, me pregunto cuándo podré intentar un salto. Tú, más hábil y valiente, te lanzas sin miedo -o tal vez con él, pero con arrojo suficiente para hundirlo bajo la tabla- y te quedas parada un instante en el aire, como si no quisieras volver a posarte, como si tu naturaleza -como la del viento-, fuese sobrevolar el mundo y sólo acariciar el suelo, el mar, en ocasiones, para jugar con la espuma, desordenar las dunas o besar los albaricoques y columpiarlos.

El mar es azul destilado y duerme en tus ojos, tan abiertos como los de la niña que sigues siendo, tan profundos como las aguas que reflejan, mientras me hablas de sensaciones, porque para nosotros, hacer es sólo una excusa para sentir.

Me quedo enganchado a tu sonrisa, incapaz de razonar. Y me miras, con tus rizos más brillantes que nunca, más dorados que el sol que los dibuja, y me preguntas si estoy bien. Yo sólo asiento y te acaricio la mano y guardo ese instante en la caja fuerte de mi pecho.

Te tumbas para descansar, con mil cometas enganchadas a tu ombligo. Las miro y en cada una de ellas encuentro un motivo, una sensación, un recuerdo. Entonces, cuando vuelvo mi vista hacia arriba, nuestras dos cometas, tan juntas que se diría que son una, me devuelven un guiño multicolor y me pregunto si mañana habrá viento para volver a volar.