RELATOS DE INVIERNO: ESTRELLAS DE PAPEL

Posted on February 14, 2013

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PD: hoy he ido a comer con mi hijo y me ha contado una cosa que no tiene nada que ver con esto, pero ha servido de inspiración.

Era el día de san valentín. Tú, con dos coletas por primera vez en la vida, me sonreíste y salió el sol en el patio. Estabas tan guapa, que tu uniforme parecía el vestido de cualquier princesa de esas cursis. Yo, más hortera todavía, dibujé una estrella de papel en mi cuaderno de matemáticas y la recorté. Luego, con el sonido del timbre, me acerqué a ti, tímido, y te la alargué, con la mirada clavada en mis pies. No te molestaste ni en cogerla. Te echaste a reír, delante de toda la clase y yo la tiré al suelo y me marché corriendo.

La vida nos llevó por caminos diferentes, porque así es la vida y así es la gente. Y no volví a verte hasta muchos años después, sentada, dos minutos antes de que comenzase la primera clase de nuestra carrera, que no podía ser otra que derecho romano. Tú también me reconociste. Te lo noté en los ojos, aunque te hiciste la interesante y te volviste a hablar con esas amigas tuyas tan pedorras.

En el primer cambio de clase, me secuestraron y no encontré excusa para zafarme. Pero en el segundo, me acerqué a ti y te saludé. Nos dimos dos besos y nos dijimos todos los convencionalismos exigidos por la situación. Nos despedimos y pasaron cinco años de carrera, de saludos lejanos, de alguna charla que otra a la vuelta de las vacaciones, tal vez una felicitación de cumpleaños.

Me dio por intentar ser notario porque, puestos a ser aburridos, me parecía el culmen. Y, en la puerta del despacho de mi preparador, te vi salir cuando yo debía entrar. Saqué el baúl de los convencionalismos una vez más y me di a la fuga so pretexto de no hacer esperar al mentor que compartíamos. Entonces sugeriste tal vez podríamos estudiar juntos. Y me pareció natural. Y te contesté que sí.

Meses de biblioteca, de esfuerzo y también de risas, a qué negarlo. Meses de verte, de sentirte cerca, de buscar los retazos de aquella niña bicoletera en los rincones de tu rostro. El tiempo cambia caras, recuerdos y sentimientos y lo que en nuestra infancia fue amor, quizá, se había transformado ahora en una buena amistad.

Y esa tarde que la biblioteca estaba cerrada por fiesta local o lo que fuese, que no encontrábamos dónde estudiar y sugeriste que lo hiciésemos en tu habitación, me pareció natural. Abriste la puerta de tu casa y, tras las presentaciones de rigor; los ya era hora, con lo que hemos oído hablar de ti; los me acuerdo de verte por el colegio, qué mono eras; fuimos a tu refugio. A ese lugar en el que hacía más de una década que no te imaginaba, que no te soñaba. Y, en un corcho, junto a una foto mía de la época, recortada vaya usted a saber de cuál, estaba la estrella de papel que yo había hecho para ti, con tu nombre en el centro y la fecha. Y, al lado, otra igual, con el mío y el mismo día escritos con tu letra redondeada.