RELATOS DE INVIERNO: CANGREJOS

Posted on February 21, 2013

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Te vi, incluso antes que el sol, antes que la arena cegadora, ardiente. Si no fuese un cangrejo, hubiera pensado que me miraba en un espejo. Tan parecida a mí, tan frágil, tan pequeña.

Creo que ni siquiera lo pensamos. Echamos a andar, los dos a la vez, las miradas clavadas el uno en el otro, ajenos al dolor que provocaba el fuego al desprenderse del suelo. Ventajas de desplazarse de lado, no nos perdimos ni un solo gesto.

En nuestro despiste, provocado por esa fijación simétrica, no fuimos conscientes de los gestos, de los gritos de los demás, que nos indicaban lo equivocado de nuestro camino. O, tal vez, nadie se preocupó por nosotros, enfrascados ellos en la fijación reflexiva propia de la mayoría -casi totalidad- de los de nuestra especie. Quién sabe si nos vaticinarían una muerte segura, cruel, víctimas del termómetro o los depredadores. Pero nos dio igual.

Nunca supe cuál era el destino de nuestro viaje, qué se esperaba de nosotros, qué se suponía que debíamos hacer. Quizá nuestro sino era realmente esa muerte anunciada o una vida sin sentido, puesto que el sentido de la vida de un cangrejo es correr hacia el mar y encontrar una concha o caracola en la que hallar cobijo.

Nosotros elegimos alargar ese trayecto peligroso, absurdo, sin sentido. Elegimos que el sol fuera un regalo, en lugar de un enemigo; que la arena fuese la meta, en vez de un trámite; que el tiempo fuese la vela y no el ancla. Elegimos vivir cada instante con vértigo, pero sin miedo. Elegimos elegir.

Sin concha, sin protección de ningún tipo, nos la jugamos y, cuando finalmente llegamos hasta la frontera elástica en la que las olas olvidan el pasaporte, nos miramos y volvimos a elegir, sin hablarnos, porque a nosotros eso nunca nos hizo falta.