UN METRO QUE ES UN TREN

Posted on March 1, 2013

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De los pocos y absurdos recuerdos que conserva uno, está el de mi padre (el puto amo) llevándonos a dar una vuelta en metro, una mañana de fin de semana.

Ya de por sí, el metro era exotismo oriental y frescura africana, porque a nuestro barrio no llegaba y el máximo de transporte público que utilizábamos era el 52 para ir a ver al abuelo. A veces, cogíamos el 51, más divertido, porque era doble y tenía en el centro un acordeón redondo con un asiento que giraba en las curvas.

Pero esta vez era distinto. El metro! Era como cosa del diablo, artilugio extraño, excitante y, en cierta medida, atemorizador. Y, encima, un metro que es un tren. Todavía me parece estar viendo esas palabras colgadas de la percha convexa de su nariz. No recuerdo mi boca, pero me la puedo imaginar compitiendo con los ojos por el récord del mundo de apertura.

Mi memoria, casa de los espejos del cercano (en lo fìsico) y lejano (en lo temporal) parque de atracciones, no conserva nada de ese viaje. Sólo la sensación de la llegada a la estación/parada (uno nunca sabe cuál es la denominación de origen o destino correcta) de Lago. No me quedan imágenes, ni sonidos. Sólo esa extraña alegría que invade a veces a los niños por motivos que los estúpidos adultos consideran (ahora, consideramos) estupideces.

Hoy, cosas de la vida, he pasado por esa misma estación. Y he deseado volver a ser ese niño de gafas enormes, volver a tener al alcance de mi mano la mano de mi padre para agarrarla y bucear con él por un mundo en el que willie wonka era real y nada malo podía pasar.

Posted in: MADRID