TRIBULACIONES MONOPARENTALES: FUNCIÓN

Posted on March 16, 2013

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Uno de los grandes inventos de la humanidad es la función esta que hacen los niños todos los años en el colegio. Yo creo que es una venganza orquestada por los profesores, es su manera de decirte yo he aguantado a tu hijo todo el curso, ahora te vas a cagar.

Y vas. Porque eso que pasa siempre en las películas americanas del padre que llega tarde a la función y se la pierde y esa movida, en la vida real no sucede. Te ves ahí, rodeado de otros como tú. Cada uno con su actitud, claro. Los nerviosos, que parece que van a actuar ellos; los workaholics, enganchados a su ihpone –últimamente, no se ven muchas bberries por ahí, aparte de la de un servidor-; los frikis, que van haciendo fotos con el tablet –esos dispositivos deberían venir sin cámara por ley-; y, por supuesto, las supermadres/superpadres, que son las que se saben el papel de su hija/hijo mejor que ésta/éste.

De lo primero que te coscas es de que eres un outsider total. O sea, la peña se saluda, se saben la vida los unos de los otros… y tú ahí, rollo marginal, apoyado en la columna y flipando con la camaradería que flota en el ambiente. Pero, obviamente, el anormal soy yo.

Por alguna extraña e inexplicable ley cósmica, la clase de tu hijo siempre es la penúltima en actuar. Eso significa que te toca tragarte las chustas de todos los niños. Miras con envidia no disimulada a los padres cuyos hijos van actuando y que se piran al bar de enfrente –en España, estés donde estés, siempre hay un bar de enfrente. Excepto en la Moncloa. Puede que sea un dato a analizar, yo ahí lo dejo…- hasta la hora de volver a recogerlos. Pero tú no, tú tienes que soportar ladrillo tras ladrillo. Y, encima, en inglés salchichero, que ahora somos europedos.

A ver, madres emocionadas que lloráis cuando vuestra niña repelente recita su poesía sin gracia ni salero, padres orgullosos que grabáis de espaldas la actuación de vuestro hijo con el ipad–no es coña, un tipo se tiró todo el petardo de su retoño con los brazos en alto y el cogote apuntando al escenario-: la obra perpetrada por vuestra prole es igual de bodrio que las demás, no os engañéis.

Por fin sale la criatura, formato pirata, con una versión libre de la isla del tesoro que estoy seguro de que provoca escalofríos a Robert Louis Stevenson en su tumba. Da igual, porque aunque los chistes no hagan gracia, los padres –y no digamos las madres- se mondan lirondan y aplauden a rabiar –una mujer a mi lado tiene tal volumen de palmeo, que se me pone la piel de gallina al pensar en cómo será cuando le atice una bofetada a su criatura, que seguro que se las atiza, si no de qué tanta profesionalidad-.

Cómo lo explico? O sea, el niño ganas e intención le pone. Y eso es lo importante, no? La parte stanislavski la tiene. Y lo voy a dejar ahí, casi mejor.

Acaba la ristra chustera y te puedes ir, no sin antes felicitar al futuro oscar –mayer, porque de lo de la academia, como que no- y decirle que es el que mejor lo ha hecho; primero, porque es tu hijo, qué coño, y de tanto en tanto te ciega la pasión; y segundo, porque tampoco es que el listón esté mucho más alto, así que más que mentir, lo que has hecho ha sido exagerar un poco.

Te piras con la cabeza como un bombo y con un montón de preguntas y verdades en el bolsillo. Ahí van algunas.

Verdades:

Las madres aguantan mucho más con la cámara en ristre que los padres –de hecho, sospecho que podrían mantenerlas así indefinidamente, con el brazo robotizado, si su criaturita permaneciese en un escenario-. Los hombres en seguida encontramos la excusa del cambio de plano para darnos un respiro –salvo mi colega el espaldero-.

Las mujeres sufren una mutación al traspasar las puertas de un colegio y se vuelven feas. Muy feas. Todas. Sin excepción.

Los padres vamos de supermodernos y adaptados a los tiempos y creemos que tenemos más obligación de atender estos eventazos que las mujeres. Como si así cancelásemos la deuda de atención de nuestros progenitores…

Los profesores siguen siendo unos cabrones muchos años después de que hayas terminado los estudios.

Es poner el pie en el colegio y te entra como una sensación de terror interior inevitable, un miedo irracional a que te caiga un examen sorpresa o un aviso de expulsión.

Preguntas:

Qué tiene un profesor en la cabeza para perpetrar semejante crimen con el guión?

Por qué todos los niños recitan las poesías como si fuesen mermaos?

Por qué niños que juegan al fútbol extraordinariamente son incapaces de coordinar sus movimientos sobre un escenario?

Por qué lloran las madres cuando ven a sus hijos hacer el ridículo?

Para qué se graban estas cosas? para extorsionar a tu descendencia?

Cómo puede uno librarse de semejante chusta sin quedar como un padre desnaturalizado?