ATAQUE DE PACHISMO: CHIPIRONES

Posted on March 17, 2013

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Las mujeres son malas por naturaleza. Y, encima, su maldad es diferida y comunal. Si a eso le añadimos mi ya suficientemente demostrada condición de gilipollas, el resultado no puede ser nada bueno, claro.

Así que, ahí me tienes. Domingo por la mañana y pensando que habrá que comer algo. La nevera está más vacía que el baño femenino en el cónclave de los cardenales. Pues a comprar algo que te vas.

Y aquí se pone en marcha el contubernio femenino, su venganza servida en plato frío. Que llegas a la pescadería y ves los chipirones. Y te acuerdas de tu abuela, que te los hacía con todo su cariño. Y tú le preguntabas, pero abuela, no te dan mucho trabajo? Y ella, qué va, hijo, si es un ratico que estoy entretenida. Qué va a ser? Espera, que la vas a cagar… Ponme unos chipirones… la cagaste.

Que también a la pescadera ya le vale, que yo la he tratado siempre con cariño y respeto, que no la he engañado con la del carreful ni la de mercadona. Pero para ellas, la causa femenina está por encima de cualquier negocio. Y te los pone y te pregunta con cara inocente cómo los vas a hacer? Pues en su tinta. En tu cabeza no existen otras opciones. Bueno, hay gente que los hace a la plancha, encebollados… A ver, que esto no lo hace porque le caigas bien, sino para tener una defensa ante el juez señoría, yo le informé de que había otras opciones.  Lo que se viene denominando, un Mifid culinario.

Llegas a casa y qué haces? Cometer el error de principiante que se espera de ti. A saber: a ver cómo los hacen en Internet. Que cada vez estoy más convencido de que eso de la red es cosa del diablo para hacer nuestras vidas lo más miserables posible.

Para variar, te faltan la mitad de los ingredientes. Pero para eso eres un tío creativo. Lo primero, limpiarlos. Esto va a ser cosa de cinco minutos. En un descanso de la fórmula 1 –o sea, en cualquier momento, porque nunca pasa nada en ese deporte, por mucho que el skinhead amigo de alonso se empeñe- lo hago. Y una mierda, chaval.

Si no has limpiado nunca un chipirón, no sabes de qué estoy hablando. Para que te hagas una idea, medio kilo te lleva media hora. Así, por la careta. Hay que quitarles la piel de fuera, que es un coñazo, pero vaya. Lo malo es lo de dentro. Imagínate darle la vuelta a una nariz de veinte centímetros –pero veinte de verdad, no los que decimos los hombres- y limpiarla. Estamos hablando de mocos de quince centímetros, sorprendentemente viscosos y, sobre todo, pegajosos. Repugnante se queda muy corto.

Pero espera, que como eres mongolo –ya sabes que no hay que ofenderse por esta palabra, lo explico siempre-, ves un vídeo en el que arzak dice que lo importante es quitarle la piel de dentro, que es lo que hace que se queden duros. Entonces mira hacia un lado y dice peio, quítale la piel. Y peio se la quita. Pero a peio venir a mi kelo, como que le queda medio a trasmano, no sé si me explico. A quitar la pielecita de los webos… fuckin’ hell.

Para quienes piensen que esta descripción es desagradable, les diré que la he hecho muuuuy suave. Me he ahorrado temas de ojos y tripas que para qué entrar en ellos. Por cierto, que los chipirones son unos bichos muy extraños. Tienen pluma y alas, pero van por debajo del agua… La pluma, al contrario de lo que se pueda pensar, es un cacho plástico (así, sin el de), sin ninguna utilidad aparte de la de hacer mi vida más difícil.

Cuando por fin lo echas todo en la cazuela, te imaginas a tu abuela escojoná en la tumba y a la pescadera partiéndose el pecho. Menuda gentuza…

Eso sí, estaban mejores que los de la abuela. El esfuerzo hace que valores todo mucho más, supongo.