QUIÉN MANDA AQUÍ?

Posted on March 18, 2013

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PD: dedicado a Javier Bernal, por preguntarse ayer en voz alta quién decidía a qué altura debe llevar los pantalones…

Contempla en el reflejo de los escaparates su figura adolescente, que ha perdido poco a poco ese desgarbo típico de la salida de la infancia y la irrupción en la juventud a lo elefante en cacharrería de unos años atrás. Ya está casi más cerca de la universidad que del colegio. Se tira de los vaqueros hacia arriba y pone cara de fastidio. No entiende por qué tiene que llevar los pantalones a la altura del culo, en lugar de en la cintura, que es donde a él le gustan. Comprar unos pantalones hace tiempo que se ha convertido en una tortura. Quién decide qué vaqueros tengo que llevar?

Quedan a escondidas, en sitios en los que nadie los conozca, en los que no se puedan encontrar con un familiar, con un amigo, con un vecino. Camuflan su amor en el anonimato. Se dicen que lo que hay en los ojos de los demás es envidia, pero si fuese así, probablemente no se ocultarían. Buscan el rincón más escondido del local, las horas brujas, los momentos de despiste de los demás. Y, en ocasiones, cuando hay testigos, se despiden con un beso en la mejilla. Quién decide dónde, cómo y cuándo nos besamos?

Va por la calle con los brazos colgando, mirando a las musarañas, perdiendo el tiempo. A tantitos, le gusta quedarse un poco como embobado, mirando las nubes; perder el tiempo; observar a dos pájaros pelear por una miga de pan, como dos niños jugando con un balón. Luego, cae en la cuenta y disimula, aprieta el paso y finge estar muy ocupado. Quién decide en qué empleo mi tiempo?

Lleva clavado en los ojos un sol casi africano y en los rizos el viento del estrecho. A veces, cuando llega a casa, se saca la arena de los oídos y sonríe. Se quita la ropa de ir a trabajar y, mientras calienta algo en el microondas, piensa en aquel momento en que su futuro se dividió en dos, en cómo sería ahora de su vida si hubiese elegido la opción b. Quién decide a qué me dedico?

* * * * *

Hemos creado una sociedad en la que la falta de elección se camufla bajo un manto de supuesta libertad. Vivimos en la era de la democracia, de los derechos humanos, de la igualdad de oportunidades. Tú eliges tu propio destino, la meta te la marcas tú… vamos, toda la bazofia sembrada en forma de cienes de miles de discursos, ensayos, artículos, libros de autoayuda y demás productos de la maquinaria propagandística.

Pero lo cierto es que no tenemos mucha libertad que digamos. O sea, no podemos ni elegir los pantalones que nos ponemos, porque sólo se fabrican los que deciden cuatro listos; no podemos elegir ir mirando las nubes mientras vamos en autobús, porque nos han creado la necesidad de estar siempre conectados; no podemos elegir con quién queremos compartir nuestra vida, porque tenemos que cumplir con una serie de convencionalismos sociales con respecto a la edad, sexo, raza y religión; no podemos elegir de qué forma queremos contribuir a la sociedad (es decir, en qué trabajamos, que nos hemos olvidado de que ese es el verdadero sentido de una profesión), porque la retribución ha invadido el territorio de la autorrealización y la felicidad. En realidad, no podemos elegir casi nada. Desde antes de levantarnos de la cama, nuestras horas están asignadas, para que no podamos salirnos del tiesto.

A quienes prefieren un libro a youtube, los llamamos raros; cuando vemos una pareja diferente, les pegamos una etiqueta en la frente; cuando alguien convierte su hobby en su trabajo, decimos que es un vago y que a ver a qué se va a dedicar cuando ya no pueda dar clases de kite… Y así, en todas las facetas de nuestra vida.

Me da la impresión de que se nos ha ido un poco de las manos todo esto. No sé hasta qué punto estoy dispuesto a renunciar mucho más a mi libertad de elegir los pantalones que me pongo, la mujer (o el hombre, si llegare el caso) a la que quiero, mi aportación a la sociedad o si me da la gana ir en chanclas por la vida…