NO SABER MENTIR

Posted on March 27, 2013

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PD: dedicado a ti, que no sabes mentir.

Me dice una amiga que no sabe mentir. Y digo yo que qué bien, no?, que tiene que molar no saber. Yo sé, lo reconozco. De hecho, lo hago en ocasiones. Es cierto que cada vez menos, pero lo hago. Me encuentro con un vecino y afirmo que me caen bien sus perros, aunque son insoportables y repelentes; le respondo al del chino que la comida estaba buena, aunque es un tordo entoligao a un garrote; sonrío cuando no me apetece y aguanto muchos rollos de la gente con cara de lo que me estás diciendo es super interesante.

Hay otras cosas en las que ya no miento. Por ejemplo, en algunos restaurantes, si me preguntan si quiero postre, en lugar de salir con el clásico uf, no, he comido genial, no me cabe nada; normalmente soy honesto y contesto no, gracias, la verdad es que no me gustan mucho vuestros postres. Con educación y delicadeza, pero sin mentir.

No es que procure no mentir por cargo de conciencia ni nada de eso. O sea, un tipo con una memoria como la mía, no puede tener de esas cosas, no me acordaría. No, es simplemente que no me gusta que me mientan, así que procuro no hacerlo.

A quien más miento, pero de largo, es a mí mismo. Me cuento toda clase de trolas (me encanta esa palabra, suena a niñez) y me hago trampas. Que si esto ahora no es el momento de hacerlo; que si no te arriesgas pero no es por ti, es por tus responsabilidades; que si mañana seguro que sí… Parole, parole, parole.

Lo malo de mentirte es que es difícil pillarte. O sea, eso de que en el fondo lo sabes… sí, pero no. De hecho, ha habido épocas de mi vida en las que me he mentido cada día y a todas horas. Ahora trato de ser honesto conmigo mismo, de decirme las verdades: a ver, Pachi, que no vas a terminar nunca esa novela, reconócelo. Y, en cierta forma, me quito un peso de encima. Otras no, otras –como no me caigo bien del todo- me llevo la contraria sólo (loco) por incordiar (ese Rosendo). Hoy no vas a ir al gimnasio, no sigas poniendo excusas. Que no?, te vas a enterar… Y voy.

También hay ocasiones en las que mentir es una opción válida. O sea, a las tres de la mañana en un garito, con ganas de pillar, sueltas lo que sea menester, no? Yo he llegado a decir sin pestañear que Maná son los mejores del mundo (luego, en seguida tienes que decir perdona, tengo que ir un segundo al baño, y ya vomitas tranquilo). O a mis hermanos, en esa época del año tan bonita que es la navidad en la que te hacen unos regalos de mierda y tú rollo, me viene genial; huy, justo ayer estuve a punto de comprarme uno; es casi mi talla, no hace falta ni cambiarlo…

A los que se puede mentir sin temor a arder en los fuegos del infierno es a los teleoperadores que te llaman a venderte cosas peregrinas. Le llamo de MAPFRE, para ofrecerle nuestro nuevo seguro de hogar; lo siento, me acaban de deshauciar… Siempre cosas creíbles, el secreto está en mentir lo mínimo, ya lo explica Harrison Ford en una película que no me acuerdo cuál es.

Pero sería bonito un mundo en el que nadie supiese mentir, en el que la honestidad estuviese por encima de quedar bien, en el que la verdad se valorase de verdad.

Claro, que para eso sería cosa de que todos aprendiésemos a aceptar la verdad. Y eso es más shungo, a que sí?