ATAQUE DE PACHISMO: PISCINA

Posted on April 10, 2013

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Hoy he tenido una mañana muy complicada y como estamos en uno de esos picos de trabajo que son la cadena montañosa del Karakorum, me he dicho a mí mismo que me lo he ganado y que me hacía un regalo. Y qué se me ha ocurrido regalarme?: ir al gimnasio a la hora de comer (los consultores, como los menesterosos, estamos acostumbrados a saltarnos algunas colaciones). Hala, con dos…

Lo que demuestra básicamente dos cosas (aparte del hecho de que soy mongolo, pero eso está sobradamente demostrado): que nunca te conoces bien a ti mismo y que no hay que hacer jamás regalos que no se puedan devolver o descambiar, como dicen en mi pueblo. En especial, a ti mismo.

Se puede saber qué tengo en la cabeza para pensar que ir al gimnasio es un regalo? Tú ya no me quieres como antes…

Pero bueno, que he pensado mira, me voy a ir a la piscina, que es como más relajado. Y una mierda.

Para empezar, llego a la piscina. Se me han olvidado las gafas. Vuelvo al vestuario. De nuevo en la piscina. Ahora me faltan los tapones. Otra vez al vestuario. Por fin, ya estoy.

A ver, el concepto divertido de piscina es hacer el ganso y tirarte en bomba. Lo demás es un sufrimiento innecesario. Todo el mundo serio, serio, nadando para un lado y para otro, en línea recta. Alienante, creo yo.

La primera bajona es cuando te metes en el agua. Que te llega por el pecho! WTF? No puedo hacer el pino? Ni dar volteretas para que me entre agua por la nariz y estornudar? Pues va a ser que no. Por lo menos, te tapa la barriga, algo es algo.

Me pongo el gorro ese, que es la cosa menos sexy del mundo, que tú le pones eso a ariadna artiles (se llama así?) y sales corriendo, seguro. Además, siempre te queda la duda de si las orejas van por dentro o por fuera. Y luego las gafas. Que digo yo que cienes y cienes de ingenieros diseñándolas y ninguno ha sido capaz de hacer unas que no te taladren las cuencas de los ojos? Las mías son peores, porque no sólo te perforan el jeto, sino que encima entra agua por todas partes. Eso sí, son de marca, que en estos sitios es lo que en realidad importa.

Hala, a nadar. Que da gusto ver cómo lo hace la gente, que parece que los lleva la corriente. A mí también, pero a la contra. Yo soy la versión acuática de las recogepelotas del masters de madrizzz, esas que dan cuatrocientos pasos para recorrer metro y medio.

Lo bueno de nadar es que me concentro (ahora llaman así a aburrirse). Más que nada, porque no me queda otra. Sin antiparras, con los sacaojos esos y los tapones en los oídos, soy como no me chilles que no te veo pero en uno solo, para que ocupe menos espacio. Podría haber un holocausto nuclear y no me enteraría, en serio.

Cuando yo nado se entiende a la perfección el concepto de largo. O sea, largo no, eterno, debería llamarse. Dicen que la piscina son veinticinco metros? El que la midió estaba más fumao que bob marley un viernes por la noche. Eso debe de tener como dos kilómetros y medio. Vamos, he visto yo playas en Benidorm de ese tamaño con tres mil doscientos bloques de apartamentos en primera línea (ya se sabe que allí el concepto de primera línea es muy amplio. Es el único lugar del mundo en el que desde primera línea no se ve el mar, se denomina la anomalía de la costa blanca).

Al cabo como de dos horas, termino mis primeros dos largos. Me parece intuir una extraña forma en el borde de la piscina, humanoide. Me deshago de las gafas besugueras (no me puedo imaginar a marty feldman con unas puestas) e intuyo que se trata de una moza de buen parecer, porque con el gorro, las gafas y el bañador ese, todas son iguales o así se muestran a mi mirada astigmática. Me saco un tapón (pop!) y no me entero de nada, pero supongo que quiere compartir calle. Le digo que adelante, que se sienta como en su propia bañera.

Llevo un rato nadando (una eternidad, vaya) y me fijo en lo bien que lo hace ella, que con tres brazadas ya está aquí, qué barbaridad, qué rendimiento. Me deprime, claro, porque me sale mi vena de macho mesetario y quiero ir más deprisa que ella. Pero me rindo pronto, que yo siempre he sido un defensor de la igualdad de género (sobre todo cuando está en juego una muerte por ahogamiento o infarto).

En el siguiente largo me doy cuenta de que he tragado tanta agua, que es posible que no necesite volver a probarla en mucho tiempo; que los socorristas, con eso de que ahí todo el mundo nada de cine y que la piscina no cubre, están a su palo (sube la prima de riesgo); y que, en general, nadie esperaría un accidente en semejante lugar. Vamos, que si me da un chungo, ahí me quedo. Así que, apelo a la prudencia y me piro.

De camino al vestuario, me voy dando las gracias por semejante regalazo. Eres un crack, me voy super relajado. Eso sí, la próxima vez, te voy a decir por dónde te puedes meter el obsequio…

Marty-Feldman-1934-1982[1]

Marty Feldman, grande entre los grandes (para los jóvenes y los ignorantes)