HOY, MADRIZZZ

Posted on April 17, 2013

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Hoy, Madrizzz -esa ciudad tan rancia cuando se las da de cosmópolis y tan bonita cuando saca a pasear su naturaleza mesetaria y palurda- me ha regalado una mañana de primavera de las que te hacen comprender que tantos guiris borrachuzos se enamoren de ella y sean incapaces de escapar de sus garras, como una cama caliente y peligrosa en la que perder el oremus con la mujer inadecuada.

En la capital del reino, hay tres días al año para caminar y no se pueden dejar pasar, como hago hoy con los autobuses que atufan y el metro lombricero. Dejo la voiture (como se decía en la postguerra castiza) en la ciudad universitaria y echo a andar.

Recorro las calles amplias de la fábrica de white-collards, ese submarino amarillo en el que aún se lucha por una sociedad mejor desde detrás de un canuto aburguesado, una pintada, un panfleto. Mi alma mater se alza parda, fea, con la cara cuarteada de trozos de piel despellejada que anuncian manifestaciones o fiestas. Mafalda volverá a tener razón: si no te das prisa en cambiar el mundo, es el mundo el que te cambia a ti.

Las facultades son tan feas por fuera como por dentro. Rancias, adocenadas y operadas por el cirujano estético de Carmen Lomana, esa señora que se esfuerza, pero no da el pego.

Subo cuestas interminables por las que chorrean delirios de grandeza hasta llegar a ese barrio-pueblo que rinde homenaje a la plaza ganada y perdida o, simplemente, dejada de lado.

Tetuán es un hobbit canijo y feo, con pies peludos y fachadas decoradas con bragas y antenas parabólicas. Calles que serpentean, como si buscasen una salida al mar o un poco más de sol en las junturas. Edificios viejos y algún solar incomprensible después de tanto boom inmobiliario, en el que la madre naturaleza demuestra su superioridad cuando se la deja tranquila.

De allí se sale a una de las calles más feas del mundo: Bravo Murillo, que hace de conexión con el distrito financiero, fibra óptica fabricada de pollo asado y compra-venta de oro y cosas peores.

Callejeo, porque la fealdad me repele. El paisaje cambia despacio, como el atardecer de esta época del año. Se impone poco a poco el ladrillo rojo y cuadriculado de los sesenta. Falta de talento y gusto disfrazada de pragmatismo.

Llego al lugar en el que se cuecen los negocios de este país de charanga y pandereta. Calles de gomina y rayas anchas, de radares para que nadie se salte los semáforos del status quo. El mismo recorrido que otros harán en cinco o seis años, concentrado en un par de medias horas.

Y, aun así, Madrizzz está llena de bebés que duermen en cochecitos mientras sus abuelas toman el vermú, de colegios que dan avisos por megafonía, de estudiantes enamoradas, de ancianicos con el móvil colgado del cuello, de agentes de movilidad que me sonríen desde su moto (increíble, verdad?), de bandas de música en busca de un hit, de perros que no ladran, de flores silvestres, de árboles que se asoman al mundo por una trampilla, de terrazas al sol, de cuestas, de eses, de recuerdos pasados y futuros, de sueños, de proyectos, de gente empeñada en cambiar el mundo…

Así es Madrizzz, hoy. Mañana será otro día.

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