TRIBULACIONES MONOPARENTALES: VACACIONES (2) – AVERÍA!

Posted on July 23, 2013

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A ver cómo lo explico para que no se me ofenda nadie. Los coches modernos son… una p*** mierda??? Seguro que a nadie le parece mal si lo digo así de suave.

Que no es que no sean buenos. Es que son la repera. Es que son tan perfectos que lo saben todo.

Así que, cuando en mitad de un poblaco inmundo de Portugal, de repente se ilumina todo el cuadro como si acabases de ganar el megajackpot en Las Vegas y te salta un mensaje en la tipografía más grande que puede mostrarse en la pantallita de marras, te acojonas. Y mucho más si está en inglés. Porque si te sale un mensaje chungo y encima en inglés, es señal de que no es muy normal, porque si lo fuese, se habrían tomado la molestia de traducirlo. Pero no.

Warning! Esa es la peor palabra que puede aparecer. Y te dice que el motor ha dejado de funcionar correctamente, que no tienes potencia, que pares en cuanto puedas y que te lo mire un experto. Vamos, que sólo te falta cheewbacca al lado haciendo ruiditos.

Ahí te das cuenta de la velocidad a la que tu cerebro irregular es capaz de montarse la película. En menos de un segundo, en tu cabeza has llamado a la mutua, has localizado un taller, has sacado unos billetes de tren y has puesto una reclamación al mecánico que le hizo la revisión.

Y que serás gilipollas y un poco mongolo, pero a veces se te juntan las dos neuronas. Así que, una vez pasado el amago de infarto inicial, miras el dibujito que sale en la pantalla y por algún extraño motivo, lo identificas con la bomba de aceite. Y, unido a que la temperatura del susodicho fluido no marca nada, atrás cabos y sueltas esa frase tan española, aunque no aparezca en el maría moliner, esto va a ser del aceite.

Y vas a un supermercado, porque cueste lo que cueste un coche, gaste la gasolina que gaste de madrizzz a Portugal, tú te ahorras dos euros por lo menos si no lo compras en la gasolinera.

Ahí estás. Supermercado portugués (son iguales que los españoles, de hecho hay promos que están directamente en castellano. Por cierto, sale Nuria Roca en la tele doblada al luso y es como de coña). Y la pregunta te asalta, claro. Qué aceite usará este coche? El más caro, seguro, ni lo pienses. Pillas el Castrol superferolítico y abres el capó (esa palanquita sí sabes cuál es).

Para mí, el motor de un coche es igual de sencillito que el del challenger. Tras varios minutos buscando la varilla esa para ver cuánto aceite tiene (nótese lo hábil de mi jugada, lo compruebo después de haberlo comprado) y habida cuenta que no la encuentro, llego a la conclusión de que este coche mío no necesita varilla, porque te lo dice todo el ordenador de a bordo, el amigo fiel al que nadie ha visto nunca, pero que tantas alegrías te ha proporcionado al recomendarte esas visitas al taller que salen siempre tan baratas.

Por fin descubro una especie de tapón con el dibujo inequívoco del aceite. Esa lamparita con la que aladino la hubiera gozado. Símbolo ridículo a todas luces, pero que me proporciona lo que viene siendo un respiro y un empellón a mi -a estas alturas- masacrada autoestima.

Empiezo a verter aceite con generosidad, por decirlo de manera suave. Es el propio niño el que me dice papá, yo creo que ya. El bote de aceite en cuestión cuenta con un ingenioso mecanismo que te indica la cantidad utilizada (o sea, que tiene una raya transparente por la que ves lo que has gastado). Un litro y cuarto. Igual va a tener razón la criatura. Pero como eres el padre, tienes que hacerte el listo. Espera, un poquito más. Hala, ya te has reafirmado.

El niño comenta es la primera vez que veo el motor de un coche. Y tú, a punto de decir que la tuya casi. Pero, eso sí, cuando arrancas otra vez, se ha quitado el maldito aviso y todo va sobre ruedas, nunca mejor dicho.

Eso sí, el tembleque de piernas no se te pasa hasta media mañana. Con lo bonito que era antes, cuando sólo se encendía una lucecita roja diminuta y al preguntarle a tu padre te soltaba ah, eso es el aceite, no te preocupes, lleva así unos veinte mil kilómetros, todavía aguanta otros diez mil por lo menos.