DEMOCRACIA EN TREN

Posted on October 7, 2013

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Los que somos periféricos, tarde o temprano caemos en la tentación de desplazarnos hasta la urbe en tren. El cerca, para los amigos.

El cerca es el tren más democrático del mundo. En él se sientan, nalga contra nalga, el currela de paleta y el white collard de nivel intermedio (los directivos tienen plaza de garaje en la oficina). El uno, sin tartera porque come de menú en el bar que le pille más cerca de la obra. El otro, con ella pero nórdica y de diseño, porque hay que comer sano.

En la estación del cerca, como en los talleres y los tanatorios, siempre hace mucho frío o mucho calor. No existen las temperaturas intermedias. Por eso, alguna ejecutiva despistada se arrebuja en una de esas chaquetas que antes se llamaban rebecas y ahora cardigans o cualquier anglicismo por el estilo.

Al llegar a nuevos ministerios (mi destino), los hay que corren escaleras arriba, con la prisa de quien sabe que su jefe o jefa (que también las hay) lo de la conciliación de la vida personal y profesional lo dice de boquilla y le molesta que llegues tarde (no deja pasar una oportunidad de rebozártelo por las narices). Hay quien rezonga y retrasa todo lo posible la vuelta al redil de la monotonía.

Por los corredores de azca, pulula como hormigas argentinas la clase media nacional e importada. Los aifons y los aipads compiten con la prensa gratuita y deportiva, que ni es prensa ni es nada.

Quien tiene tiempo, se sienta en el taburete del bar de turno a revolverse las tripas con café de recuelo del siglo veintiuno y churros revenidos o la tostada renegrida por los bordes, como el futuro. Quien no lo tiene (tiempo), se achicharra la lengua y los dedos con el mismo brebaje, pero en formato transportable. Quienes no ha mucho criticaban esa costumbre extranjera, hoy son sus más fervientes defensores.

Si yo fuese político, haría campaña en el cerca, que es donde está España en su versión de lucha de clases. Los ricos no votan o lo hacen a los de siempre. Pero aquí, entre el traca traca de las vías, el olor a sudor y colonia de supermercado, entre inditex y adidas, aquí es donde está la verdadera batalla. Marxismo de papel plata y relojes de imitación.

Al fin, el cerca te deja lejos de casa, lejos de los sueños que se venden en las facultades a precios de destockaje.

Y caminas pensando que el verdadero estado de la nación no se desvela en un debate, sino en un vagón del cerca.

Posted in: MADRID